TDAH SALAMANCA Blog: ADHD

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad / Attention Deficit Hyperactivity Disorder

  • José Javier González Lajas

    Experto en evaluación y diagnóstico psicoeducativo, intervención psicopedagógica, terapia cognitivo conductual y pedagogía terapéutica especializada en Trastorno por Déficit de atención e hiperactividad [TDAH], dificultades de aprendizaje y problemas de conducta.

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TDAH: … ¿TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO?… ¿EN QUÉ CONSISTE?… ¿ES NECESARIO?…

Posted by José Javier González Lajas en 29 marzo 2010

El tratamiento farmacológico del TDAH debe estar destinado al control o al menos la mejoría de los síntomas nucleares.  Aunque los objetivos no deben ser únicamente tratar estos síntomas, sino también los trastornos comórbidos y propiciar cambios positivos en el entorno del niñ@, apoyando a las familias y al profesorado del sistema educativo.

Según el Grupo Europeo Interdisciplinar para la calidad del TDAH (EINAQ), el objetivo del tratamiento debe ser:

  • Controlar los síntomas del TDAH
  • Minimizar los síntomas comórbidos
  • Reducir el riesgo de complicaciones
  • Educar al niñ@ y a su entorno sobre el trastorno
  • Adaptar el entorno a las necesidades del niñ@
  • Mejora las habilidades de abordaje de los niñ@s, padres y educadores
  • Cambiar las percepciones desadaptativas

El tratamiento debe ser multimodal y llevarse a cabo en los diferentes ámbitos: sanitario a través del servicio de salud mental coordinado por el médico especialista en psiquiatría infanto-juvenil, con la adecuada formación actualizada aplicando intervenciones basadas en guías clínicas y protocolos, con participación de diferentes profesionales (neuropediatras, psicólogos, psicopedagogos, etc.) en estrecha relación con la familia y el colegio.

Un tratamiento global siempre debe contemplar la “psicoeducación” especialmente con los padres, la familia, los profesores y el ámbito escolar, la información sobre la naturaleza del trastorno, su clínica y evolución, las alternativas terapéuticas y el manejo concreto de situaciones, debe constituir el primer paso por parte del especialista.  El tratamiento deberá responder a las preguntas que se planteen e informar de forma sencilla y suficiente, desdramatizando y enfatizando en los riesgos del no tratamiento, siendo necesario también romper los mitos en torno a la prescripción de psicofármacos a los niñ@s, explicando bien la razón de la medida y recurriendo a ejemplos si fuese preciso como el de la “necesidad de insulina para un niñ@ diabético”.

Teniendo en cuenta que en la gran mayoría de los casos, será necesario el tratamiento farmacológico precedido de una adecuada psicoeducación, en función de la comorbilidad, la opción terapéutica complementaria oscilará entre el manejo cognitivo-conductual y terapias conductuales, siendo el papel de los profesores y padres esencial para el asesoramiento a los diferentes profesionales.

Todos los subtipos de TDAH responden bien al tratamiento farmacológico según los diferentes estudios de MTA (Multimodal Treatment study of children with ADHD del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU) concluyendo que el tratamiento farmacológico con metilfenidato bien dosificado y controlado junto con terapia de modificación de conducta, constituía la medida terapéutica con un mayor porcentaje de respuesta positiva.

En base a estas y otras investigaciones, se fraguaron las bases que rigen hoy en día,  lo que debe ser el tratamiento del niñ@ con TDAH, con el uso combinado de manera adecuada y optimizando los recursos del tratamiento psicofarmacológico, psicoterapéutico y psicoeducativo.

Hay varios tipos de medicación que ayudan a los niños con TDAH y que son seguros y eficaces.  Se trata principalmente de los estimulantes como el metilfenidato que actúa sobre el neurotransmisor dopamina, y los no estimulantes como la atomoxetina y también el grupo de los antidepresivos tricíclicos que tienen un efecto principalmente sobre la noradrenalina.

El metilfenidato aumenta la dopamina en el cerebro, y la atomoxetina aumenta la noradrenalina.  Estos neurotransmisores aumentan en aquellas zonas del cerebro que funcionan por debajo de lo normal en niñ@s con TDAH ya que las áreas frontales (prefrontales) cuya función es inhibir las respuestas, facilitar la concentración y filtrar el ruido de fondo.  Es la zona que “nos hace pensar en lo que vamos a decir antes de hacerlo para decidir si lo decimos o no”.

El uso de medicación debe ser una parte esencial del plan de tratamiento inicial en la mayoría de los niñ@s en edad escolar y adolescentes con TDAH.  Esta recomendación presupone que el médico tratante, experto en TDAH, se haya asegurado de la presencia del diagnóstico del TDAH antes de comenzar el tratamiento mediante una evaluación adecuada, pormenorizada y generalmente laboriosa, ya que una respuesta positiva a la medicación no debe usarse nunca como un “arma diagnóstica” para identificar a niñ@s con TDAH. 

Es importante también recordar que la Academia Americana de Pediatría, en sus recomendaciones para el tratamiento de TDAH, cambió la posición que mantenía desde 1987,  cuando afirmaba que la medicación debía ser el “último recurso”,  para que en 1996, afirmar,  que la medicación debía formar “parte del plan inicial de tratamiento usado en combinación con intervenciones psicosociales”.  

El tratamiento farmacológico del niñ@ con TDAH, debe estar dirigido a optimizar el funcionamiento cerebral con la finalidad de poder beneficiarse de una medicación estimulante.

Los estimulantes actúan sobre la producción o captación de transmisores cerebrales como la dopamina y la noradrenalina, porque son sustancias químicas que permiten que pase la información de una célula nerviosa a otra salvando el espacio sináptico que las separa.   Cualquier problema en la regulación de la producción o de la captación de dichos transmisores cerebrales afecta a la velocidad de trasmisión de la información.  Y aunque parezca paradójico, el funcionamiento cerebral de los niñ@s TDAH parece ser más lento y peor organizado que el de las personas sin TDAH, por lo que es evidente que a través de la  medicación se consigue  optimizar el correcto funcionamiento cerebral.

A su vez, se ha demostrado científicamente que la utilización de estimulantes reporta unos beneficios directos e inmediatos en un 60- 75% de los casos de niñ@s y adolescentes con TDAH:

  • Mejorando el estado de alerta.
  • Reduciendo la fatiga cuando la tarea es prolongada
  • Mejorando el rendimiento en tareas porque favorece la acción de la memoria de trabajo (resolución de problemas).
  • Reduciendo la hiperactividad motriz
  • Reduciendo la impulsividad cognitiva (frenar y analizar pensamientos) y comportamental (frenar acciones).

 Por todo ello, es esencial que tanto padres como educadores tengan presente que la farmacoterapia mejora el funcionamiento cerebral pero no lo “cura”.  

La medicación, optimiza el funcionamiento y aumenta la velocidad de procesamiento de la información, pero nunca resuelve las peculiaridades de su funcionamiento cerebralLa sintomatología que presenta el niñ@ con TDAH mejorará con la maduración neurológica de la misma forma que la atención, la reflexibilidad y el autocontrol, por lo que la medicación lo que hace es reducir significativamente el impacto desadaptativo originado por la sintomatología.  Por lo tanto, la medicación es un recurso más que contribuye positivamente a disminuir las experiencias de fracaso y el riesgo de deterioro emocional. 

En nuestro país, existen pocas alternativas de tratamiento farmacológico para el TDAH, siendo recomendable que toda la información referente a la medicación se consulte abiertamente con el médico, ya que es él, quien junto a su experiencia y conocimiento profesional,  tiene que ajustar el tipo y la dosis en función de la información que le puedan aportar tanto los padres como otros profesionales. 

A fecha de hoy, en España, los fármacos que se emplean para el tratamiento del TDAH son principalmente la “Atomoxetina” (“Strattera”) como fármaco no estimulante, y, el “Metilfenidato”, como único fármaco estimulante con eficacia y seguridad demostrada en un elevado número de ensayos para tratar el TDAH.  (Del 60 al 75% de los casos responden favorablemente) Se comercializa en sus dos formas:

  • De liberación inmediata: “Rubifen”
  • De liberación prolongada: “Metilfenidato-OROS (“Concerta”)” y “Medikinet”.   

1. El Metilfenidato de liberación inmediata: “RUBIFEN” es el psicoestimulante más utilizado históricamente y en la actualidad en niñ@s con TDAH, principalmente por tener menos efectos adversos y sigue constituyendo la primera opción terapéutica para la mayoría de las guías y consensos en el tratamiento farmacológico, combinándolo con la rehabilitación cognitiva, intervención psicológica, psicopedagógica y familiar.

  • Se presenta en comprimidos de 5, 10 y 20 mg
  • Comienza a hacer efecto a los 15-20 minutos de la ingestión.
  • Mejora la capacidad de atención y la hiperactividad sin objetivo, así como la motivación, la capacidad de aprendizaje y el control inhibitorio
  • En dosis superiores a 0.6 mg/kg se observa mejoría de la conducta hiperactividad-impulsividad, de las respuestas sociales y del rendimiento académico
  • Debe prescribirse en tres tomas al día cada 3 horas: desayuno, media mañana y comida, aunque sin embargo es más frecuente que se prescriba en dos tomas diarias, aspecto que puede generar picos y valles de concentraciones plasmáticas y eficacia.
  • Los efectos secundarios más habituales son pérdida de apetito y dificultad para conciliar el sueño, y en algunos casos cefaleas o gastralgia, aunque suelen dispersarse reduciendo la dosis e incluso generalmente con el tiempo desaparecen.
  • La decisión de pautar un tratamiento con estimulantes debe ser siempre individualizada y en función de las alteraciones de conducta y sus posibles repercusiones en el ámbito escolar y familiar, sin olvidar el grado de incapacidad que puede producir en el niñ@ así como la respuesta a tales moléculas.

Al ser un fármaco eficaz y seguro puede plantear también una serie de inconvenientes que en diversas ocasiones dificultan significativamente el cumplimiento terapéutico:

  • Suele exigir más de una toma al día por su vida media corta (2.5 h aproximadamente) lo que origina un efecto limitado en el tiempo que se traduce en recaídas y exacerbación de la sintomatología en momentos inoportunos como por ejemplo en horario escolar, momento de hacer los deberes en casa por la tarde, y en el momento en que el niñ@ suele estar con sus padres.
  • Debe prescribirse en tres tomas diaria de tal forma que obliga al niñ@ a llevar la medicación al colegio y al docente a responsabilizarse de la administración.  Siendo un factor significativo de incomodidad y quizás de “marginación” para el niñ@ dificultando el cumplimiento del tratamiento.
  • Para conseguir un efecto durante la tarde, debe pautarse una toma sobre las 16.00h lo que puede originar en bastantes ocasiones insomnio de conciliación.
  • El efecto de taquifilaxia aguda (necesidad de consumir dosis cada vez mayores para conseguir los mismos efectos), puede requerir el incremento de dosis para lograr una acción terapéutica igual a dosis previas inferiores.

Dada la importancia que tiene el cumplimiento del tratamiento para el  TDAH, es esencial facilitarlo, por lo cual actualmente se dispone de metilfenidato de liberación prolongada.

 

2 .El Metilfenidato de liberación prolongada: “METILFENIDATO-OROS” (“CONCERTA”) se comercializa en España desde abril de 2004, es el metilfenidato de liberación retardada, en el que el fármaco activo recubre y se encuentra en el interior de la cápsula, cuya estructura permite su liberación gradual a lo largo de unas 10 horas después de su toma única matutina, generando una curva farmacocinética idónea parecida a las tres tomas de metilfenidato clásico.

  • Evita los inconvenientes mencionados anteriormente, manteniendo concentraciones plasmáticas uniformes durante todo el día con control de los síntomas hasta la noche, mejorando significativamente el cumplimiento terapéutico.
  • Se presenta en una cápsula de inicio lento (1-2 horas) que no se puede abrir ni mascar.
  • Presenta una tasa similar de efectos secundarios en relación al metilfenidato clásico.
  • Ha sido diseñado para conseguir una eficacia mantenida hasta últimas horas de la tarde.  Su curva ascendente a lo largo de la jornada escolar con una acción evidente sobre las 17.00 h  (vuelta del colegio) y mantenida durante la tarde es la contraposición al clásico.
  • La prescripción con una sola toma matutina evita la incomodidad de la toma escolar de medicación, contribuyendo a la no estigmatización del niñ@.
  • Permite a los padres supervisar personalmente la toma correcta de la medicación por la mañana sin tener que delegar en los docentes.
  • Los niñ@s aceptan satisfactoriamente el tener que tomar medicación en una sola ocasión al día, disminuyendo su autoconcepto de “enfermo” y normalmente es más sencillo conseguir su colaboración.
  • Con las formulaciones de acción prolongada se mejora la adherencia al tratamiento.

Todas estas características farmacocinéticas de control y comodidad en su utilización, favorecen un mejor cumplimiento y supervisión del tratamiento, evitando significativamente complicaciones entre las que destacarían el “abuso de sustancias”.

  • La prescripción adecuada del fármaco se atiene principalmente a lo que está indicado en los trabajos de referencia (Swanson et al, 2000).  Por lo que el inicio del tratamiento siempre se debe hacer con una dosis única inicial de 18 mg de metilfenidato de liberación prolongada OROS, en una toma única matutina y tras una evaluación inicial de la eficacia, seguridad y efectos secundarios, procediéndose normalmente, a un incremento de la dosis  en pocos días hasta llegar a una dosificación que logre un buen control y remisión de la sintomatología sin que presente efectos secundarios notables.
  • No se dosifica de acuerdo a criterios de peso corporal, (aunque dicha variable constituye una referencia importante para prever la dosis que puede resultar eficaz)     sino de eficacia y seguridad que marcan la pauta a seguir en cuanto a la dosificación diaria.  La prescripción debe optimizarse en función de la respuesta obtenida en la valoración clínica de los efectos secundarios y apoyándose si es preciso en escalas estandarizadas para padres y profesores.
  • Por razones farmacocinéticas suele ser necesario efectuar la transición de metilfenidato de liberación inmediata al metilfenidato de liberación prolongada OROS, de manera que 10-15mg equivalgan a 18 mg de Concerta, 20-30 mg a 36 mg y 30-45 mg a 54 mg de Concerta.
  • Es esencial insistir en la necesidad de realizar un ajuste individual pormenorizado sobre cada niñ@ o adolescente con TDAH y la respuesta que el tratamiento genera.

Antes de cocluir este apartado, es preciso comentar que existe otro fármaco denominado “MEDIKINET”, que también pertenece al grupo del metilfenidato de liberación prolongada y que a diferencia del otro, se presenta en una cápsula que puede abrirse e ingerirse con alimentos blandos, con un inicio de acción más rápido que Concerta, pero con una duración menor (8 h. aproximadamente).

Existen otras formulaciones de liberación sostenida que generan variaciones del efecto en función de la fórmula de absorciónEn EE.UU. donde el desarrollo de estos tratamientos está bastante más extendido se comercializan las sales de anfetamina de liberación lenta, el isómero dextro del metilfenidato, las presentaciones transdérmicas o parches de metilfenidato o lisdenxafetamina. (Ritalin-LA, Focalin, Daytrana, Dexedrine, Adderall, Cylert).

3 . La Atomoxetina es el principio activo de la “STRATTERA” y se trata de un fármaco no estimulante que actúa como inhibidor selectivo de la noradrenalina que actúa por inhibición del transportador noradrenérgico presináptico,  y que requiere un inicio y abandono del tratamiento gradual, por lo que sus efectos no son inmediatos.  

 

  • Se comercializa en España desde julio de 2007 y es probablemente el fármaco que mejores perspectivas ofrece en cuanto a eficacia, seguridad y ventajas en relación al metilfenidato de liberación inmediata porque su vida media es más larga. 
  • Permite la prescripción en dos tomas (mañana y noche) o una sola toma diaria sin discontinuidad terapéutica, destacando la ausencia de efectos secundarios reseñables sobre la hiporexia o el insomnio, aunque puede originar efectos transitorios como nauseas, sedación, taquicardia e incremento de la presión arterial como consecuencia de su efecto noradrenérgico, pero que remiten al interrumpir el tratamiento. 
  • Su eficacia y seguridad en dosificación de 0.5, 1.2, y 1.8 mg/kg/día , están avaladas por numerosos estudios y la dosificación 0.5 mg/kg/día sólo resulto ineficaz en la inatención.  Se debe iniciar con dosis de 0.3-0.5 mg/kg hasta ajustar la dosis a lo largo de las tres semanas siguientes, hasta la dosis máxima de 1.8 mg/kg.
  • El tratamiento prolongado tampoco genera problemas de seguridad, mostrando una eficacia mantenida, evitando las recaídas en la sintomatología nuclear del TDAH y contribuyendo a evitar complicaciones evolutivas.
  • En la publicación de la guía NICE, en septiembre de 2008, se sitúa al metilfenidato como una opción preferencial frente a la atomoxetina, salvo en casos de tics, síndrome de Gilles la Tourette o trastorno de ansiedad comórbido, situando a la atomoxetina como una opción en los casos de “no respuesta” o intolerancia al metilfenidato. 

Teniendo en cuenta todo lo expuesto anteriormente, es imprescindible  ser capaces de concienciar tanto a padres como docentes del papel fundamental y esencial que desempeñan ambos en el tratamiento farmacológico, al ser un tratamiento de apoyo que sería del todo incompleto sin un programa de intervención psicoeducativo que potencie las capacidades del niñ@, que le ayude en su autoconocimiento, en el desarrollo de estrategias de compensación,  en la detección de situaciones conflictivas y le permita conservar un equilibrio psicológico para que pueda enfrentarse con cierta garantía a las posibles dificultades que la sintomatología del TDAH pueda suponer para su desarrollo.

El tratamiento farmacológico tiene también un beneficio psicológico secundario, que repercute positivamente en el desarrollo del niñ@ o adolescente con TDAH.

  • Posibilita que el niñ@ obtenga éxito en un tiempo muy breve.
  • Le va a permitir en cierta medida recuperar el sentimiento de control sobre su ejecución y comportamiento.
  • Al aumentar el éxito académico y de control de comportamiento podría evitar significativamente el progresivo descenso del nivel de tolerancia a la frustración, al no verse tan sometido a pequeñas y constantes experiencias de fracaso (Olvidarse los deberes, hablar demasiado alto, empujar, etc.).
  • Reduce la posibilidad de fracaso en el rendimiento escolar tanto en el colegio como en casa  al mantener el nivel de alerta durante más tiempo (explicaciones, exámenes, deberes, etc.).
  • Fomenta  indirectamente el sentido de la autoeficacia e incrementa la autoestima.

Es importante, tener claro que no conviene tampoco  esperar a que lleguen las primeras notas o quejas por parte del docente para iniciar el tratamiento farmacológico, especialmente,  si el niñ@ cuenta con un bagaje de experiencias negativas en años anteriores en el colegio o está sufriendo emocionalmente en un intento desesperado de adaptarse a todo lo que se le exige.

Por todo ello, ante la farmacoterapia, los padres deben aplicar siempre el sentido común con la única finalidad de reflexionar y sopesar el coste – beneficio.  De nada sirven actitudes extremas que les lleven a idealizar la pastilla o a repudiarla.  Por lo que es de vital importancia,  que tanto el médico como la familia  trabajen juntos para recopilar la información necesaria, objetiva y pormenorizada que les permita valorar objetivamente en cada momento del desarrollo del niñ@, si compensa o no su utilización.  

 

 

 

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“¡…CONFLICTOS FAMILIARES…!”: TDAH ¿ES POSIBLE MEJORAR LA CONVIVENCIA?

Posted by José Javier González Lajas en 22 marzo 2010

En la familia el TDAH tiene un alto poder impactante porque el niñ@ con TDAH requiere una mayor dedicación, más formación por parte de los padres y más recursos económicos para su tratamiento.  La crianza-educación supone una reordenación de la dinámica familiar porque siempre son niñ@s que necesitan que les dediquen más tiempo y que la estructuración de la vida familiar sea más intensa (horarios, ocio, estudio, espacios, relaciones interpersonales y posibilidades de “respiro” y descanso para los padres y herman@s.  Las dificultades para llevarlo a cabo,  a fecha de hoy son evidentes, sobre todo por el hecho de conciliar la vida familiar y laboral que en el caso de familias con TDAH, replantean requerimientos especialmente intensos.

La necesidad de que los padres cuenten con una formación adecuada que incluya una información significativa sobre el conocimiento de las principales características del TDAH y sobre el papel esencial y fundamental que desempeñan en su tratamiento, así como la adquisición de las habilidades pedagógicas elementales, constituyen una necesidad más que deben satisfacer las familias en las que se integra algún afectado por TDAH. 

Cuando su hij@ tiene problemas para obedecer órdenes o parece hacer lo contrario a lo que se le pide, cuando para que haga algo hay que decírselo infinitas veces y ordenarle algo se convierte en un “infierno”…  no cabe duda de que la hiperactividad  no es sólo un problema del sujeto afectado por el déficit de atención y alteraciones del comportamiento que presenta, ya que el impacto adverso que tiene sobre la vida cotidiana se deja sentir en casa, en el colegio y obliga a intervenir directamente a las personas que conviven con él.

Por todo ello,  sirva a modo de ejemplo el siguiente testimonio de una madre:

“… Mi hij@ no obedece nunca, no parece escuchar cuando le hablamos y provoca constantemente conflictos en casa con la única finalidad de molestarnos y enfadarnos.  A penas se entretiene con nada, siempre está cambiando de actividad, incluso sin haber finalizado la anterior.  Como resultado de todo esto,  el ambiente en casa es irrespirable, muy tenso y conflictivo.  Las relaciones entre nosotros y nuestro hijo son cada día más complejas y difíciles.  También nos irrita y desespera muchísimo su desobediencia y negativa para hacer las tareas escolares. Además,  su carácter desafiante, nos perjudica seriamente a todos, y las relaciones con sus herman@s, son pésimas, y las discusiones y peleas entre ellos son frecuentes…”

Al principio, en la mayoría de las ocasiones, los padres se esfuerzan por estar a la altura de las exigencias y retos que les plantean los problemas y dificultades de sus hij@s, tratando de responder satisfactoriamente a los requisitos y demandas.  Tienden a comprometerse e implicarse muy intensamente en la tareas de fomentar el autocontrol y la adaptación de sus hij@s e intervienen con mayor esfuerzo y entrega  con la única finalidad de controlar el comportamiento caótico, alterado e inesperado de los niñ@s. 

Transcurrido cierto tiempo, durante el cual las interacciones se ven influenciadas por las limitaciones y excesos del niñ@, además de los intentos de control y compensación de los padres, la experiencia diaria, le revela que no existe una correspondencia entre su trabajo y esfuerzo, en relación a la mejora del comportamiento que detectan en su hij@, ya que pese a los esfuerzos de ambos,  no se percibe ningún cambio significativo.

El resultado de esta realidad, se traduce en estrés, desánimo, percepción de incompetencia, e incluso reacciones de cierta intolerancia en las dificultades y problemas del niñ@, además, de menor sensibilidad en la interacción con su hij@ TDAH, originándose relaciones conflictivas padres-hijo, características de este cuadro. 

 Las interacciones con los herman@s resultan también difíciles y complicadas, ya que habitualmente provocan conflictos y discusiones, además de ser poco sensibles al razonamiento con sus herman@s, sobre todo  cuando insisten en querer hacer algo que molesta a estos o quieren manipular algún juguete, disco, libro, o mismamente manejar la Play Station o Nintendo DS que sus herman@s utilizan normalmente.

Estos, perciben la convivencia diaria confusos, irritados y cansados por la dinámica familiar y generalmente están molestos y disgustados debido a la atención intensa y dedicación unidireccional que la mayoría de los padres suelen prestar.

En líneas generales, la forma de actuar de los padres está definida por dos aspectos muy significativos:

  1. Las exigencias respecto al rendimiento y progreso académico según sus expectativas y en comparación a cómo se desenvuelven sus hermanos respecto a estas asuntos.
  2. Preocupación por el incumplimiento reiterado por parte del niñ@ TDAH de normas de convivencia y reglas que rigen el funcionamiento familiar (horarios, responsabilidades individuales, comer, dormir, etc.).

Ante esta perspectiva,  los padres, cada vez toleran menos los incumplimientos del niñ@ y pasa a adquirir el perfil o la etiqueta de niñ@ problemático y difícil”.

“…Si dices que quieres hacer lo que te indicamos ¿por qué no lo haces?…”

“…Aunque afirmas que no volverás a meterme en líos, ¿por qué al ratito se te olvida y todo sigue igual…?”

“…Cuantas veces nos has asegurado que cumplirás con tus responsabilidades, y a la hora de la verdad, todo sigue igual…”

El niñ@ TDAH, en la mayoría de las ocasiones, suele ignorar estas indicaciones y hacer caso omiso a las indicaciones de los padres y desobedecer, circunstancia que normalmente desencadena en discusiones, amenazas y enfados, que van configurando una dinámica familiar en la que se deterioran significativamente las relaciones entre sus miembros y se reduce la autoestima del niñ@ con TDAH.

Cuando fallan los métodos de disciplina tradicionales, generalmente los problemas asociados al TDAH suelen ser la causa principal además de mediar los frecuentes conflictos y disputas familiares y conyugales.

Esta consecuencia, está avalada por varias investigaciones científicas que manifiestan que los niñ@s con TDAH tienen “un don” para contribuir a perturbar significativamente la vida familiar, trastornar la vida de los padres e incrementar su estrés.

Esta rutina tan conflictiva y tensa desencadena en los padres enfados y sentimientos de frustración,  que se incrementan cuando son conscientes de que las estrategias y métodos educativos y de disciplina que habían puesto en práctica hasta la fecha y creían conocer bien, no funcionan con este hij@ con TDAH.  De tal manera, que la experiencia personal asociada al fracaso que acumulan al intentar resolver los conflictos de la forma que conocen, les genera una serie de consecuencias familiares y personales que se pueden sintetizar en los siguientes apartados:

  • Agotamiento emocional, incertidumbre, cansancio, sentimientos de culpa,  frustración, y autocrítica en términos de negligencia o ineficacia en la crianza-educación de su hij@ con TDAH. 

Cuestiones habituales como:

“… ¿Qué estamos haciendo mal?…”

“… ¿Dónde nos estamos equivocando?…”

“… ¿Hagamos lo que hagamos, esto va a ser siempre así?

Están presentes frecuentemente en su cabeza por lo necesitan encontrar una respuesta efectiva a sus preguntas.

  • Otro aspecto primordial que preocupa a los padres es la crítica y reprobación de la que pueden ser objeto desde el propio entorno familiar (abuelos, hermanos, tíos), escolar            (profesores,   terapeutas, director centro escolar) profesional y social (amigos, compañeros).  Esta preocupación se asienta en los comentarios y observaciones de carácter sutil pero no explícito que escuchan en relación a sus hij@s con TDAH:

“… Le consientes todo y no le riñes…”

“… Debes replantearte la forma que tienes de educar a tu hij@…”

“… Tienes poca autoridad con tu hijo…”

“… Le compras todos los caprichos que quiere, está totalmente consentido…”

“… No le dedicas el tiempo suficiente…”

  • En otro sentido, suele ser habitual también encontrarse en situaciones en las que los padres pueden “perder el control”,  incrementando significativamente las discusiones y confrontaciones de una forma más intensa y duradera.  En consecuencia, la convivencia familiar se deteriora y con frecuencia va acompañada de tensiones, críticas y reproches recíprocos entre ambos padres que se censuran mutuamente por su tolerancia excesiva y sus exigencias desmesuradas para con el niñ@.

 

En este ambiente, las relaciones padres-hij@s son cada vez más complicadas y hostiles, lo cual disminuye de forma evidente las posibilidades de éxito en la resolución de problemas y conflictos en casa: los contactos, las muestras de cariño y afecto y las interacciones positivas son escasas, breves o prácticamente nulas.

  • Se consolida el perfil del niñ@ como “…incontrolable, problemático, difícil…”, al tiempo que se fortalece la creencia de responsabilizarle de los conflictos y alteraciones que se generan en la vida familiar.

 En realidad la conflictividad familiar con origen en el comportamiento disruptivo del niñ@ se desarrolla según una secuencia que puede describirse de la siguiente manera:

  1. Los padres usualmente dan instrucciones y órdenes dirigidas a que el niñ@ realice según sus directrices, las actividades, tareas, conductas y responsabilidades.
  2. Dichas indicaciones no van seguidas de la conducta esperada.  Éste ignora las órdenes, desobedece y realiza cualquier otra actividad al margen de la indicada, excusándose diciendo que estaba pensando en otra cosa o que se le ha olvidado lo que le decían.
  3. Este comportamiento, genera en sus padres irritación, tensión, frustración, cansancio y decepción.
  4. Los padres, cuando han visto fracasar las diferentes tentativas de control y modificación (dialogar con él, persuadirle, o razonar sobre su comportamiento) suelen responder con reproches, amenazas y castigos.

Ahora bien, si los episodios son muy frecuentes y se repiten diariamente, también pueden tolerar que el niñ@ “haga lo que quiera” limitando su actuación a amenazas ocasionales, eludiendo reproducir órdenes e insistiendo en las responsabilidades y obligaciones del niñ@ en el hogar, de tal forma que asumen los “deberes” de su hijo y comienzan así, cierta tolerancia hacia su comportamiento disruptivo.

     5.    No obstante, los conflictos reiterados y la escasa respuesta favorable del niñ@ con TDAH repercute en los padres y genera como ya hemos comentado anteriormente, algunas de las siguientes consecuencias: negación de lo que sucede, sentimiento de culpa por actuaciones pasadas, preocupación por las consecuencias de las estrategias disciplinarias que utilizan, aceptación de las circunstancias y problemática de su hij@, toma de decisiones respecto a consultar con profesionales para que les orienten y asesoren,  y, planteamiento e inicio de un plan de intervención. 

Siguiendo la línea de actuación habitual basada en la premisa de que es imprescindible “conocer y comprender lo qué ocurre para saber qué hacer”, a continuación,  se expondrán  algunas indicaciones,  que en la medida de lo posible, les ayudarán a manejar y mejorar el comportamiento de su hij@ en casa:

1. Es esencial ser capaces de “empatizar”, es decir, “ponerse en el lugar del otro”, en este caso,  su hij@ con TDAH.  Deben comprender que su comportamiento disruptivo, desobediente, indisciplinado, problemático, etc., no responde a una intención deliberada de fastidiar o desafiar.

2. Deben tratar de juzgar la realidad desde diferentes perspectivas. “No sean jamás exigentes e intransigentes”, enfádense sólo por lo que realmente es importante, si reflexionan se darán cuenta que en la mayoría de las ocasiones, buena parte de los conflictos y disputas que mantienen con su hij@, en realidad, no merecen tanto enfado y hostilidad.

3. Aprendan a prestar atención positiva a su hij@, si es menor de 9 años, designen 20 minutos al día, que será su “tiempo especial” al menos con uno de ustedes (no puede haber otros niños) y pasen ese tiempo exclusivamente con su hij@.  Con los niñ@s pequeños hay que empezar diciéndoles que ha llegado su “ratito especial” para jugar y preguntarles qué quieren hacer.  No intenten dirigir ni controlar la actividad, simplemente relájense y pásenlo bien intentando entender lo que hace e interesándose. Cuando lleven unos minutos observando, empiecen a describir en voz alta algunas de las cosas que hace para mostrar su interés pero no hagan preguntas (excepto si no entiende lo que hace o lo que significa), tampoco corrijan lo que hace, aunque tenga dificultades o lo haga “mal”.  Después, digan de vez en cuando alguna frase de aprobación o de admiración que lo anime (…qué bien lo estas haciendo, me gusta mucho cuando juegas así, en silencio…) o denle muestras de aprobación no verbales: un abrazo, una caricia, una sonrisa, un guiño, etc.   Si el niñ@ empezará a portarse mal, deben intentar ignorarlo mirando a otro lado, pero si sigue, díganle que no van a jugar más con él hoy, porque no se está portando correctamente, levántense y salgan de la habitación. Si el niñ@ es mayor de 9 años, no es necesario que sea un periodo de tiempo tan estructurado, simplemente busquen un “espacio” cuando su hij@ esté jugando y únanse a él interesándose por lo que hace.

4. Usen la atención positiva para mejorar la obediencia de su hij@.  Ahora que ya saben prestar atención positiva en el juego de su hij@, deben extenderla a cuando el niñ@ está obedeciendo o siguiendo instrucciones suyas de forma adecuada.  Así conseguirán que esté más dispuesto a obedecer cuando ustedes le piden algo.  Cuando le den una orden, no se marchen, quédense para ver cómo la cumple, y díganle lo contentos que están por lo bien que lo está haciendo: “…qué bien lo estás haciendo…,  fantástico…, ya verás cuando le diga a papa/mamá lo bien que lo estás haciendo…, qué orgullos@ estoy de ti…”.  Esto son algunos ejemplos de prestar atención positiva, pero quizás sea mejor que cada uno de ustedes busque su propia forma, según crean para estimularle mejorSi su hij@ hace algún trabajo sin que hayan necesitado decírselo, deben reconocérselo aún con mayor intensidad y tengan en cuenta que no es el momento para buscar la perfección, simplemente díganle lo orgullosos que están de que lo haya hecho sólo.  Deben animarle siempre en todas las cosas que haga bien y busquen a partir de ellas, que obedezca inmediatamente para intentar animarle y motivarle especialmente cuando lo haga bien, en una palabra: “pilléenlo siendo bueno”.  A continuación, y después de haber trabajado esto durante al menos una semana, busquen momentos en que su hij@ no esté muy ocupado y pídanle pequeños favores: “… ¿me alcanzas aquella revista?, ¿puedes sujetar aquí, mientras doblo esta sábana?…” Es decir, pequeñas ayudas que solo requieran unos segundos, pero intenten repetirlo varias veces al día y luego deben darle las gracias y anímenle por haberlo hecho: “…cómo me gusta cuando me ayudas así…”, siendo su objetivo principal aumentar las posibilidades de que lo haga bien para poder reforzar su buen comportamiento.

5. Traten de dar órdenes más eficaces, concisas y claras.  El propósito de esta indicación es mejorar la forma en que ustedes le piden a su hij@ que haga algo u obedezca sus instrucciones.  Lo primero que tienen que tener en cuenta es que sólo deben seleccionar y mandarle hacer cosas que realmente quieran que se hagan, es decir, eliminen los cientos de órdenes que dan cada día y de las cuales sólo se cumplen la mitad.  Nunca den las órdenes en forma de favor ni de pregunta.  No digan: “…¿Por qué no recoges los juguetes ahora?…”  Simplemente digan la orden en un tono firme y directo: “…Recoge los juguetes…”.  Otro aspecto importante es no dar demasiadas órdenes a la vez, deben reducirlas a pasos pequeños y sencillos.  Cuando ordenen algo deben asegurarse que no hay distracciones (televisión, música, juegos, etc.) y que su hij@ está prestando atención.  A continuación, pídanle afectivamente que la repita para cerciorarse de que la ha entendido.

6. Procuren ser coherentes y consistentes en la aplicación de reglas y normas de disciplina.  Deben esforzarse en mantener el control y no se dejen llevar por la ira y las tensiones, sin olvidar nunca que, pese a los esfuerzos que realiza, su hij@ no logra autocontrolarse como a ustedes le gustaría.

7. Eviten los castigos desproporcionados y aquellos que se proponen para mañana, la semana o el mes que viene, ya que son niñ@s que viven al instante y no tienen conciencia de futuro.  Recuerden que recurrir reiteradamente al castigo para manejar y controlar la conducta de su hij@ invalida la utilidad del mismo, puede afectarle emocionalmente y mermar su autoestima.  Si creen que esto les ha podido suceder, sería interesante que reflexionen sobre ello y que se pregunten cuál era su propósito al castigar a su hij@ y si ha servido para algo, porque la experiencia de castigar sin buscar un objetivo claro no tiene sentido. 

8. Recuerden siempre que es preferible castigar a través de la carencia o retirada de premios que mediante castigos físicos.  Cuando el mal comportamiento es más serio, puede usarse el “time out” o “tiempo fuera”, que significa retirar al niñ@ a un sitio tranquilo, aislado para cumplir un tiempo de penalización: “…Si no haces lo que te digo te tendrás que sentar en la silla del rincón…”, por cada año de edad deberá sentarse en la silla un minuto.  Durante este tiempo nadie puede hablar con el niñ@ y no empieza a contar hasta que no deje de quejarse, y si se levanta otra vez, empieza de nuevo.  Si aún así el niñ@ se levanta, deberá estar con el sujetándole, pero sin pegarle.  Una vez que su hij@ cumpla el castigo, deberán preguntarle por qué le han castigado, y una vez que lo diga, deben felicitarle por haber cumplido el castigo y decirle que está perdonado.  Pero no se les ocurra prepararle una merienda ni darle mimos especiales, porque sino el castigo perdería su efecto.

8. Después de los enfados deben darle la oportunidad de justificarse y aceptar sus disculpas.  A continuación, deben recordarle las normas e insistan en que le corresponde cumplirlas y adaptarse a las reglas conocidas y acordadas por él, sin olvidar reforzar y apoyar los intentos de solución que el mismo niñ@ pueda plantearles, de tal modo que están transmitiéndole confianza en sus posibilidades y asegurando su autoestima.

9. Deben acordarse de reforzar, alabar, premiar y recompensar mediante signos de aprobación (sonrisa, caricias, mirada afectuosa, guiños) los logros diarios por muy insignificantes que sean y los esfuerzos de su hij@ hace, para inhibir y controlar su comportamiento disruptivo y comportarse como se espera de él.

10. Aprendan a observar el comportamiento de su hij@, a analizar las situaciones más comprometidas en casa y en lugares públicos y anticipen las dificultades.  Deben programar la vida familiar estableciendo rutinas y hábitos que el niñ@ conozca con la única finalidad de ayudarle a ir ajustándose a las normas.  Eviten la improvisación en la medida de lo posible y en caso de alteraciones en la rutina, comuníquenselo previamente para que no afecte negativamente a el control e inhibición de su comportamiento.

11. Intenten “negociar” en vez de “imponer”.  Traten siempre de negociar con su hij@ y acuerden con él los quehaceres y obligaciones que a su entender debe realizar en casa.  Si reflexionan sobre ello, observarán que es el único modo en que ambos obtienen amplios beneficios porque existe un compromiso por ambas partes al saber que él puede cumplir las normas y ustedes podrán pedirle responsabilidades, con un coste emocional previsiblemente menor.

12. Eviten la espiral que conduce a los conflictos, las tensiones, la irritación, la hostilidad y la frustración que causan las malas relaciones en casa tanto para su hij@ como para ustedes.  Para lograr alcanzar este objetivo, es necesario tener en cuenta lo siguiente: no se planteen grandes objetivos, concéntrense en los logros diarios, organicen la vida familiar en torno a hábitos, rutinas y horarios que permitan regularizar el comportamiento de su hij@ y traten de evitar la sobreestimulación ambiental.

13. Recuerden que el enfado y malestar comprensible que les origina el comportamiento disruptivo, activo, incontrolado e indisciplinado no puede imponerse jamás y relegar las muestras de cariño y afecto hacia él.  El niñ@ debe observar en todo momento que se le tiene en cuenta y ustedes reflexionar y ser conscientes de que las dificultades, exigencias y experiencias de fracaso a las que hace frente su hij@ requieren contar con toda su dedicación y apoyo incondicional.

14. Para finalizar, es esencial diseñar un plan de actuación dirigido por la estabilidad, consistencia y regularidad en su comportamiento para hacer frente a los problemas y dificultades que pueda presentar.

El manejo de los problemas característicos del trastorno requiere que los padres emprendan una tarea trabajosa y planificada, basada en la reflexión y autocrítica respecto al modo de responder habitualmente a los retos que supone el comportamiento problemático y disruptivo del niñ@ con TDAH, con la única finalidad de organizar, estructurar y disponer favorablemente el ambiente familiar y adoptar las medidas oportunas para controlar el estrés asociado que inevitablemente experimentan.

No resulta fácil para los padres admitir y reconocer que existen problemas, ya que la “normalidad” de los signos externos (conducta y apariencia) encubre la realidad, naturaleza y dimensiones de un problema complejo que comienza a dibujarse en el horizonte de la convivencia familiar cuando a los padres les preocupa, no el modo  y manera como se comporta habitualmente su hij@, (nada peculiar o extravagante), sino las dimensiones cuantitativas que alcanza su comportamiento y las consecuencias que este origina (dificultades escolares, conflictos familiares, deterioro social).

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TDAH: UFF… SALIR DE COMPRAS…!!!

Posted by José Javier González Lajas en 17 marzo 2010

La mayoría de los padres afirman que les preocupa salir con su hijo a lugares donde generalmente hay mucha gente: tiendas, supermercados, centros de ocio, consultas médicas, etc.  Para ellos expresiones como:

¡Es tan inquieto y distraído!

¡Me cuesta tanto que obedezca!

¡Lo toca todo y no para!

¡Corre por todos los lados!

Están a la orden del día junto con una cuestión a la que buscan encontrar una respuesta eficaz.

¿Cómo puedo controlar su comportamiento?

Los niñ@s con TDAH son generalmente muy activos e impulsivos.  Este par de características serán entre otras, las responsables de algunos problemas que estos niñ@s pueden experimentar.  El ser muy activos e impulsivos son conductas típicas de los niñ@s con TDAH, por lo que el pedirles que no lo sean, es en cierto modo una pérdida de tiempo. 

En muchas ocasiones, estas conductas,  harán que salir de compras con ellos sea una experiencia desagradable, en vez de un pasatiempo divertido. 

Esta “diversión” se puede convertir en una “pesadilla” cuando salimos de compras con un niñ@ que nunca deja de tocar todo lo que ve, que corre por todos los lados o que nunca deja de hacer preguntas.

Por todo ello, hay que tener en cuenta que un control efectivo para estas conductas tiene que venir desde afuera.

Él niñ@ con TDAH rara vez es capaz de estar tranquilo y ser cooperativo por iniciativa personal, por lo que son los padres y/o los educadores,  quienes se tienen que convertir en esa fuente externa de control, con la única finalidad, de que los niñ@s con TDAH puedan ser una compañía agradable y placentera durante las compras, siempre que les ayudemos a que cumplan con las reglas que les imponemos.

Experiencias anteriores en situaciones o lugares públicos han de constituir la base para que los padres actúen antes de exponerse y enfrentarse de nuevo a algún escenario que pudiera resultar problemático. 

Lo relevante y fundamental en estos casos suele ser anticiparse y planificar.  Antes de ir a un lugar público,  deben prever cuál será el comportamiento de su hijo en dicho contexto y en tales circunstancias.  A continuación convendría hacerle partícipe, explicándole y describiéndole de forma breve, clara y concisa dónde irán, con quienes se encontrarán, qué tienen previsto hacer, etc.  

Una vez expuesto y descrito el lugar, se han de establecer las normas de conducta que regirán el comportamiento de unos y otros mientras se encuentren allí.  Además, el planteamiento de las mismas, debe ir acompañado  de la mención de los premios y castigos consecuentes que se derivan en caso de ajuste o incumplimiento respectivamente. 

Por todo ello, a continuación, parece necesario poderles ofrecer una serie de sugerencias que les pueden ayudar significativamente a convertir la experiencia de salir de compras en una práctica positiva y satisfactoria:

  • Antes de salir de casa, deben revisar las reglas que su niñ@ debe seguir, siendo conveniente,  que repita las normas para estar seguros que las ha entendido.
  • Antes de entrar en una establecimiento deben pedirle al niñ@ que repita de nuevo las reglas a seguir, ayudándole a recordarlas.  En caso de que olvide alguna de las reglas intenten repetírsela de modo constructivo.
  • Antes de entrar en una tienda deben revisar también las consecuencias positivas y negativas de su conducta, asegurándose que las recompensas y “castigos” estén fácilmente accesibles.
  • Recuerden que es una buena práctica el ofrecer  una recompensa o refuerzo a una conducta positiva que ocurra apenas entren en un sitio.  Nunca deben dejar pasar más de 10 minutos antes de darla.   
  • Si son capaces de continuar reforzando su buena conducta el niñ@ tendrá más posibilidades de mantenerla.
  • También es importante, que planifiquen de antemano cómo van a actuar en caso de que el niñ@ no se adapte a las normas que se le han indicado antes de salir.  En estos casos, no duden nunca en proceder rápidamente, sacando al niñ@ de la situación y eviten comenzar discusiones en público.
  • No intenten razonar con él, si han tenido que salir porque probablemente discutirán, el niñ@ perderá más el control y ustedes se angustiarán más y se sentirán muy incómodos al percibir la crítica y censura de otras personas.
  • A continuación, intenten llevar al niñ@ a un lugar más privado y tranquilo, esperen a que se relaje y a posteriori, una vez que esté más receptivo, para recordarle de forma afectiva las normas y mostrarle su confianza en que puede comportarse correctamente haciendo hincapié en los premios que puede conseguir.   

Si la experiencia de salir de compras fue satisfactoria,  deben reforzar al niñ@ con una recompensa especial.

Si por el contrario la experiencia no fue agradable, deben revisar su planteamiento  y traten de intentarlo otra vez porque trabajando con constancia, persistencia, afectividad y una actitud positiva lograrán el éxito.

 

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TDAH & FREE TIME: “…ME ABURRO, NO SÉ QUE HACER…”

Posted by José Javier González Lajas en 12 marzo 2010

Para la mayoría de las personas el tiempo libre es algo deseable al igual que para los niñ@s, ellos disfrutan de la ocasión jugando y haciendo cosas divertidas.   El tiempo libre ofrece la oportunidad de terminar tareas incompletas, de revisar hechos pasados y de planear eventos futuros.  El significado del tiempo libre paro los niñ@s con TDAH, se asocia habitualmente con un momento difícil o una posibilidad de meterse en problemas. 

El tiempo libre representa para los niñ@s con TDAH una oportunidad para hacer lo que les venga en mente y frecuentemente lo que se les viene es una “gran variedad de actividades pero todas al mismo tiempo”. Siendo habitual obtener un resultado final que genera una cadena de actividades indefinidas y desordenadas.  Esta conducta desordenada normalmente produce situaciones tensas y conflictivas, tanto para los niñ@s como para aquellos que están a su alrededor. 

Los niñ@s con TDAH tienen una necesidad especial de actividades educativas, aunque esto no significa que no puedan divertirse, ya que es tarea de los padres incorporar experiencias enriquecedoras y amenas que mantengan al niñ@ entretenido.

La mayoría de estos niñ@s ofrecen lo mejor de sí cuando se encuentran en una situación controlada donde conocen perfectamente las reglas,  ya que precisan,  un orden y una organización de su tiempo.

Por lo que esperar una actividad productiva durante el tiempo libre es más un “deseo” que una “realidad” para los niñ@s con TDAH, y para evitar que esto  ocurra, en la medida de lo posible,  los padres van a tener que planificar por adelantado con la única finalidad de evitar dificultades a posteriori.

·Como el niñ@ con TDAH es generalmente desordenado y su actividad es poco productiva cuando no existen reglas o rutinas específicas a seguir, deben ayudar a controlar la conducta impulsiva a través de las mismas, permitiendo conductas más aceptables, que a su vez resultarán en respuestas más positivas por parte del ambiente.

·Sabiendo que el tiempo libre es problemático en estos niñ@s deben intentar “limitar” el tiempo libre que tienen disponible.

·Tratar de proporcionar reglas y directrices durante el tiempo libre es una estrategia eficaz, ya que si por ejemplo, limitan el número de actividades disponibles o establecen barreras físicas para su actividad motora, se reducirán significativamente las posibilidades de acciones impulsivas o que se inicien múltiples actividades que nunca serán concluidas.

·Planificar por adelantado es una buena praxis para padres y docentes que trabajan con niñ@s TDAH.  Es muy recomendable el uso de agendas digitales, ayudas visuales u otras acciones que le ayuden a “recordar” lo que debe hacer y a organizar sus actividades.

·Si los padres desean pasar un momento tranquilo con su hij@ TDAH, es aconsejable que le preparen una secuencia de actividades en las que el niñ@ estará completamente envuelto, con la única finalidad de limitar las posibilidades de que muestre una conducta desordenada y/o alterada.

El ocio compartido es necesario estructurarlo correctamente por el hecho de que muchas familias esperan el fin de semana para disfrutar de un momento tranquilo.  Durante la semana la escuela ocupa la mayor parte del tiempo y los días están generalmente bien estructurados con sus rutinas correspondientes, mientras los padres se dedican a sus propias actividades. 

Por todo ello, los fines de semana son días sin rutinas y estructuras que representan un “reto a la paciencia de los padres” durante los cuales los niñ@s con TDAH son muy demandantes“Mamá estoy aburrido, no sé qué hacer”, es una frase que se escucha con frecuencia como  una queja habitual.   No es difícil encontrar un par de actividades para que el niñ@ se distraiga, pero el problema fundamental se presenta porque estos niñ@s necesitan una, dos o tres actividades cada diez minutos, e incluso los padres más ingeniosos no son capaces de responder adecuada y eficazmente a tal demanda. 

Pero como la solución a estos problemas no pasa por encontrar más actividades sino por ser capaces de buscar otras formas con las que puedan afrontar el problema, a continuación,  se exponen una serie de recomendaciones a tener en cuenta de cara a poder afrontar con éxito tanto los fines de semana como los periodos vacacionales.

FINES DE SEMANA

·En primer lugar deben tratar de mantener un horario, hablen con su hij@ sobre lo qué harán durante el día y permítanle que participe con ideas o sugerencias.  Traten de seguir algunas rutinas de manera que mantenga alguna estructura en  la forma en que se usa su tiempo.

·Estos niñ@s no toman la decisión de aburrirse por sí solos, ya que el aburrimiento, aparece como una consecuencia del TDAH.  Por lo que es evidente que requieren una mayor estimulación para retener su interés y concentración en una actividad.

·Precisan ayuda para afrontar los problemas que se originan al encontrarse  en una situación no estructurada y sin rutinas a seguir. 

·No deben esperar que su niñ@ con TDAH prefiera pasar un tiempo tranquilo y relajado durante el fin de semana, ya que si tienen esta expectativa prepárense para una posible frustración.

·No permitan que su hij@ sea totalmente responsable de su conducta durante el fin de semana, siendo imprescindible ayudarle a “planear actividades” sin  “planear por ellos”.

·Sería ideal si los padres están disponibles el fin de semana pasar algún tiempo con sus niñ@s y hacer “juntos” cosas divertidas.  Deben buscar un buen equilibrio o balance entre lo que puede ser divertido para ellos y lo que puede divertir a los adultos.  Por ejemplo, deje que su hijo le ayude a cocinar: realicen juntos una lista de ingredientes necesarios y preparen alguna receta sencilla.  Cocinar y hornear requieren organizarse, leer y seguir instrucciones, además de reforzarlos y motivarlos positivamente porque reciben una exquisita recompensa al final.

·Cuando sea posible, planifiquen actividades fuera de casa, visitas culturales o educativas como por ejemplo: ir a un espectáculo, a un  pueblo cercano, al campo,  o a un museo.

·Animen a su hijo a que elija una actividad que le permita periodos largos de entrenamiento y mejora de habilidades sociales. 

· Deben evitar que su hij@ pase mucho tiempo viendo la televisión o jugando con la Play-Station o la Nintendo DS, ya que existen otras actividades más productivas y educativas que le reportarán mejores consecuencias.

·Si es necesario tómense un “tiempo fuera”, si su hij@ está demasiado inquieto y ustedes sienten que no pueden con él, llévenlo a dar un paseo con la finalidad de que agote un poco su energía y probablemente se tranquilizará. 

·También es importante que reserven un tiempo de calma después de todo un día de mucho ajetreo y un espacio de tiempo de tranquilidad para compartir con su hij@ un cuento o simplemente siéntense con él en su habitación, escuchen música tranquila o charlen con el.

VACACIONES

Cuando se trata de periodos vacacionales largos como Navidad, Semana Santa, o verano, los padres deben enfrentarse a un niñ@ TDAH que normalmente suele perder el control cuando tiene excesivo tiempo libre. 

El colegio está cerrado y el “equilibrio del hogar” se rompe al estar regulado principalmente por el horario de trabajo de los padres.

Por todo ello, y con la única finalidad de evitar situaciones conflictivas deben tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

·Procuren continuar con las rutinas habituales hasta donde puedan.  Intenten hacer un esfuerzo extra para que el niñ@ pueda comer y acostarse a las mismas horas de siempre.  Eviten los  “cambios de último minuto”. 

·Involucren a su hij@ en los preparativos del viaje con la finalidad de mantenerlo calmado y que se sienta útil.  Por ejemplo, pídanle que les ayude a preparar las maletas.

 ·Repasen con su hij@ las reglas y expectativas que tienen con él.  Por ejemplo, si se trasladan a una casa diferente de la habitual, a un hotel, a un camping, etc. deben acordar el mantenimiento de las mismas reglas del hogar y recordarle cuales son los comportamientos adecuados

·Planeen actividades educativas, estimulen su creatividad y habilidades sociales.  Un buen ejemplo puede ser apuntarle a diferentes talleres, cursos o a un campamento de verano.

·También es importante prepararle para las visitas sociales y familiares ya que en la mayoría de las ocasiones para los niñ@s TDAH suelen ser estresantes al tener que interaccionar con “desconocidos”.  Es interesante, utilizar o al menos tener al alcance de la mano, diferentes herramientas de ocio con las que puedan mantenerle entretenido si se siente sobre-estimulado.

·Algunas situaciones en particular también pueden producir conductas alteradas en niñ@s con TDAH.  Estas incluyen tiempos prolongados en iglesias o visitas a lugares donde se espera que estén tranquilos y sin hacer ruido.

·Otro aspecto significativo que deben tener en cuenta es que ustedes también son una prioridad, ya que si están tensos, estresados y agotados producirán un ambiente de ansiedad que incrementará el estrés de su hij@ en vez de reducirlo.  Para ello, es necesario que descansen, cuiden su dieta, hagan ejercicio e intenten mantener un ambiente armonioso y sin tensiones que desemboquen en situaciones conflictivas.

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LOS HERMANOS DEL TDAH ¿CÓMO PREVENIR QUE SE SIENTAN IGNORADOS?

Posted by José Javier González Lajas en 7 marzo 2010

El niñ@ con TDAH absorbe mucha atención de sus padres y por ello no tiene por qué perjudicar a sus hermanos.

Los niñ@s que presentan TDAH, demandan tanta atención individual que es muy común escuchar de los herman@s:

  “¿Por qué Pedro recibe tantos premios y yo no?”

 “¿Por qué tú le prestas mucha atención a mi hermano y no me prestas atención a mi?”

 “¿Cómo le has dedicado el martes a Pedro, ahora me toca a mí el sábado? ¿No?”

 “¿Por qué le has comprado ese regalo a Pedro y a mí no?  Me gusta más el suyo”

 La relación entre herman@s tiene siempre una rivalidad (más o menos intensa) respecto al deseo de sentirse únicos y especiales para sus padres.  Por lo que  es una característica bastante común en cualquier hogar con dos o más niñ@s, haciéndose más intensa significativamente cuando uno de los niñ@s tiene TDAH.  La mayoría de las veces los herman@s notan la diferencia de trato que ellos reciben y la que recibe el que tiene TDAH, lo que genera y fomenta habitualmente conductas celotípicas.

Es más, explicaciones repetitivas, tales como: “tu herman@ tiene problemas” ya no convencen lo suficiente como para aliviar  tal rivalidad.

Ellos no consideran que el hermano con TDAH sea realmente diferente, sienten que éste recibe un tratamiento especial y quieren recibirlo también. 

Como padres o tutores es imprescindible evaluar la forma en la qué los otros herman@s reaccionan cada vez que proporcionan un castigo o una recompensa al que tiene TDAH.  Ya que si ignoran sus reacciones no estarán resolviendo ningún problema sino que estarán creando uno mayor.

Es normal que los herman@s reaccionen negativamente cuando sienten que uno de ellos recibe un tratamiento especialEl tratamiento para un niñ@ con TDAH, no debe ser individual porque debe tener en cuenta siempre el contexto familiar donde cada miembro tiene que estar involucrado.  Los herman@s quieran o no, jugarán un papel activo y significativo en el tratamiento del niñ@ con TDAH, por lo tanto, es imprescindible que traten de tenerlos de su lado con la finalidad de hacer las cosas mucho más fáciles.

Por todo ello se hace necesario tener en cuenta algunas sugerencias que pueden prevenir significativamente estas situaciones:

· Buscar la forma de compensar al herman@ sin TDAH, dedicándole algunos momentos de atención exclusiva para él.  Deben tener cuidado de que el hermano sin TDAH no sea consciente de que tratan de equilibrar la balanza. 

·Nunca deben decirle a los herman@s pequeños, que el herman@ mayor tiene problemas y que necesita atención especial.

·Transmitir a los hijos que el trato igual de los padres se mide en sesiones o tiempo de dedicación, (“la atención y el cariño no se miden en dosis”)  procurando siempre que reciban los mismos regalos.  Si determinan un sistema de recompensas con el niñ@ TDAH, traten de extender el programa a todos los demás de la casa.  Aunque los otros pueden no necesitarlo si que causará mejorías en sus conductas.

·Aunque no es sencillo, no pedirán a los herman@s que sean ellos, siempre, los que se adapten al niñ@ con TDAH. 

·Deben tratar de conseguir la cooperación de los herman@s mayores para ayudar al hermano con TDAH en sus tareas escolares y en mejorar sus habilidades sociales.

·Traten de apuntarles a actividades de ocio diferentes.  Todos los hijos quieren tener una identidad diferente y buscan llamar la atención de sus padres.  Mejor que uno sea “el músico” y el otro el “deportista”, a que uno sea el “desastre y vago” y otro “el bueno y trabajador”.

·No deben esperar que los herman@s sin TDAH sean siempre comprensivos con su hermano.  Las exigencias y privilegios que se tengan con unos hermanos y otros, deben depender de su capacidad de respuesta.  Deben dar a cada herman@ aquello que necesita realmente.

·Han de prestar especial atención a los herman@s “hiperresponsables”, que se preocupan excesivamente del niñ@ con TDAH, le enseñan, le ayudan, le protegen y le miman constantemente.  Ya que no es bueno para el niñ@ con TDAH, al no tener la oportunidad de desarrollar su autonomía suficientemente para ponerse a prueba por sí mismos, al verse permanentemente protegido. 

Esta labor, de “educador-cuidador” en cierto modo acentúa el papel de hij@ perfecto,  pero a su vez, le esclaviza y  le obliga a dejar sus emociones de niñ@ a un lado al comportarse siempre como un pequeño adulto.

·Realicen reuniones familiares para conversar sobre estas situaciones (recompensas, refuerzos, consecuencias, etc.), de manera que la intervención pase a formar parte de una rutina familiar en vez de ser vista como un tratamiento exclusivo para el herman@ con TDAH.

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¿ES UNA MODA EL TDAH?

Posted by José Javier González Lajas en 4 marzo 2010

Todos han escuchado esta pregunta o se le han formulado alguna vez.  Un docente con muchos años de experiencia no hace muchos días decía: “esto antes no pasaba”, lo cual parecía un buen argumento para considerar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad como una “moda”. 

Partiendo de esta cuestión, es necesario plantearse hasta qué punto esta pregunta es interesante porque está ampliamente multideterminada.  Las personas que trabajan a diario con TDAH, están acostumbradas a recibirla en numerosas ocasiones por parte de educadores y padres, por lo que a través de este artículo se intentará responder a esta pregunta teniendo en cuenta que la respuesta no podrá ser otra que una enumeración de factores,  al no existir una única causa.

Para convencer al personal docente  “suspicaz” es necesaria una enumeración de razones que inevitablemente no estará completa pero que aportará una idea de la variedad de factores que están detrás de este interrogante.

La primera, más obvia y probablemente más significativa razón por la que no se diagnosticaba antes a estos niñ@s es porque los trastornos mentales son sólo nombres que los científicos utilizan para nombrar un conjunto de problemas que suelen suceder juntos.  Aún en el caso de enfermedades orgánicas suelen existir procesos patógenos determinados detectables con diferentes métodos. 

Teniendo en cuenta que las enfermedades son en sí mismas convenciones lingüísticas con las que se definen una serie de recortes que se llevan a cabo en el desarrollo y complejidad de los procesos. 

Si se toma la “gripe” como ejemplo, puede observarse que en el mundo real no existe nada llamado “gripe”, ya que existen por un lado, diferentes tipos de virus que pueden entrar en nuestro organismo y por otro, una serie de características patológicas  (fiebre, dolor de cabeza, dolor de garganta, cansancio, dolores musculares, etc.) que aparecen cuando el virus se encuentra en el organismo.

Si se denomina “gripe”  al cuadro clínico expuesto, también y siguiendo la línea  podríamos llamarlo  “mal de ojo” o “mal de espíritu”. 

Como las enfermedades mentales son un poco más complejas aún, y no existen en principio ni virus ni bacterias determinadas, sino personas que padecen una serie de dificultades que ocurren de forma conjunta y frecuente que a algunos científicos se les empieza a ocurrir que podría ser todo parte del mismo problema

Diferentes investigaciones pueden ir a favor o en contra de dicha teoría y probablemente se pueda obtener un nombre que reúna todo un conjunto de problemas y permita trabajar de forma más afectiva.

En el caso de la depresión que es un trastorno mental que incluye cosas tan diversas como estar triste, dormir mucho, dormir mal, moverse mucho o moverse poco, pensar demasiado en ciertas cosas, estar sin ganas de nada, etc., la única razón por la que se piensa que todo forma parte del mismo problema es porque se dan juntos los síntomas bajo una frecuencia estadísticamente significativa  y responden a tratamientos similares.

Por lo tanto, se trata de una convención lingüística que tiene un valor práctico ya que permite la identificación del problema y el uso consecuente de un tratamiento eficaz.   En definitiva, incluso cuando los problemas atencionales, la impulsividad y la hiperactividad estuvieron presentes siempre, se creía que en multitud de ocasiones se debían a otras causas, o que eran partes de problemas diversos, utilizando otras convenciones lingüísticas.

Aunque el Trastorno por Déficit de Atención está descrito en la literatura de diversas maneras desde el año 1902 y figura con ese mismo nombre en los manuales de psiquiatría americanos desde 1968. Los psicólogos y psiquiatras que utilizaban el español como lengua de comuniación, permanecieron cerrados a este tipo de datos porque poco de lo publicado era traducido y existía una hegemonía teórica dominante con una fuerte énfasis en la psicogénesis de la enfermedad mental que afirmaba que todos los problemas del niño provenían de vínculos tempranos inadecuados.

En pocas palabras, aún cuando la enfermedad existía, había pocas personas que la conocieran y aún menos que estuvieran de acuerdo con utilizarla como criterio diagnóstico, de tal forma que se aplicaba la interpretación de los fenómenos desde su marco teórico y en consecuencia los tratamientos centrados en la interpretación, que si bien no aportaban resultados tangibles,  parecían ser el único curso lógico de acción dada la forma en que era enfrentado el problema.

Los recursos farmacológicos existentes para tratar esta clase de problemas hasta no hace mucho fueron casi inexistentes.  Aunque en Estados Unidos existen estos medicamentos desde aproximadamente 1939, hasta hace bien poco, las únicas “drogas” utilizadas por la mayoría de los psiquiatras eran muy poco específicas y tendían a influir en los niñ@s de forma muy torpe sobre los síntomas centrales.    Es más, las medicaciones, en consecuencia se utilizaban únicamente para niñ@s que ponían en riesgo su vida o la de los demás, cuyas conductas eran inaceptables socialmente. 

La intención de los tratamientos con fármacos era evitar las consecuencias sin producir un cambio significativo en la calidad de vida o rendimiento del niñ@, ya que su eficacia no estaba cotejada e incluso disponible, ya sea por la falta de conocimientos con respecto a su uso en niñ@s que presentaban estas dificultades o bien por la falta de “drogas”.

Otra de las razones a tener en cuenta es que cada vez la escuela es más inclusiva y el tratamiento aumenta la permanencia de los niñ@s dentro del sistema escolar.  Cuando se remonta la historia de la educación para atrás se observa que los niveles de “deserción escolar” eran bastante más altos.  Los que desertaban lo hacían mucho por problemas económicos, pero un grupo no menos importante y significativo lo hacía por dificultades de aprendizaje en un sentido amplio.  Los padres que tenían un hijo que repetía en el colegio o no se adaptaba a la estructura escolar, frecuentemente lo mandaban a trabajar.  ¡Gracias a _ _ _ _! Esto, hoy en día, es cada vez menos frecuente, aunque lamentablemente sigue sucediendo.

Dado que la mayor parte de los niñ@s con inteligencia normal y problemas de aprendizaje suelen padecer déficits atencionales y/o hiperactividad, sea como aspecto esencial del problema o como un añadido, es lógico en cierta medida,  que antes los chic@s que presentaban estas características permanecieran menos tiempo dentro del sistema educativo.

Muchos chic@s eran identificados como vagos (¡por favor no caigan en el mismo error de etiquetar!), porque sólo estudiaban cuando tenían la soga al cuello.  Era muy probable que finalmente lograran aprobar la mayor parte de las veces y aunque sea mediante “tumbos” terminar sus estudios.

Muchos de estos niñ@s tenían problemas de atención y organización debido a que no padecían ningún problema específico de aprendizaje y contaban con una adecuada capacidad intelectual, gracias a la cual se permitían el lujo de ser capaces de adaptarse y “sobrevivir” en la escuela, aunque es evidente que nada de esto lo conseguían generalmente sin un gran sufrimiento y numerosas frustraciones.

Se trata principalmente de chic@s que funcionan bien ante grandes motivaciones, como tener que afrontar un examen en dos días para no repetir el curso, pero que encuentran grandes dificultades para regular el esfuerzo durante el curso académico y no son capaces de evitar llegar a ese punto.

Antes de finalizar, sería oportuno tener en cuenta los avances de la medicina prenatal y perinatal, porque aunque parezca extraño, el hecho de que la tasa de mortalidad al nacer haya descendido significativamente a mínimos históricos, existe la “paradoja” de que por otro lado, se ha incrementado  considerablemente la cantidad de niñ@s que van a tener problemas en la escuela.  Un número importante de niñ@s que a posteriori desarrollará dificultades de atención o para regular su conducta, “sufrieron” en la mayoría de los casos, diferentes problemas  durante el parto o en el útero materno que en otros tiempos hubieran sido irremediables.  Por eso, los sistemas del cerebro ligados al TDAH se encuentran entre los más vulnerables debido a su tardía maduración.

Para concluir, se puede decir que por todas las razones expuestas, tanto padres como docentes cada vez escuchan hablar más de estos chic@s en las escuelas,  de tal forma que se relaciona principalmente este aspecto con el hecho de que pueden ser tratados con un “nombre” más ajustado a lo que les pasa y que sirve para iniciar un tratamiento que los ayude de una forma más eficaz.  

Es fundamental que sobre todo los docentes sean capaces de entender estos motivos y no tiendan a pensar en esto como una “moda”, ya que sería tan poco inteligente como pensar que si ahora se sabe más del cáncer que antes y se diagnostica más y mejor, es producto de la “moda” y no del avance científico y que todo es un gran complot” de los laboratorios de productos oncológicos.

Este tipo de razonamientos no tienden jamás a la superación porque no ofrecen alternativas viables, al constituir críticas poco informadas que demoran el acceso a un tratamiento multidisciplinar adecuado y que por lo general cuesta tiempo y recursos a las familias. 

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