TDAH SALAMANCA Blog: ADHD

Trastorno por déficit de atención e hiperactividad / Attention Deficit Hyperactivity Disorder

  • José Javier González Lajas

    Experto en evaluación y diagnóstico psicoeducativo, intervención psicopedagógica, terapia cognitivo conductual y pedagogía terapéutica especializada en Trastorno por Déficit de atención e hiperactividad [TDAH], dificultades de aprendizaje y problemas de conducta.

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TDAH: LA HORA DE COMER Y LAS TAREAS DEL HOGAR

Posted by José Javier González Lajas en 26 febrero 2010

La comida y la cena son momentos muy complicados para las familias de niñ@s que tienen TDAH.  Son chic@s que pueden decidir que no tienen hambre, que no les gusta la comida o simplemente que están muy ocupados haciendo otras cosas porque para ellos comer no es una de sus prioridades y pueden esperar. 

Muchos niñ@s con TDAH perciben la comida como una interrupción de sus actividades, como un momento aburrido o como algo que tienen que hacer en muchas ocasiones porque sus padres se lo piden.  

Habitualmente, se ponen a jugar en la mesa, demuestran malos hábitos con los cubiertos y con los platos y tienen muchas dificultades para seguir las reglas.  Por ello, como padres o educadores, deben intentar que el momento de la comida o la cena se convierta en una experiencia positiva y nunca en un momento de discusiones y peleas, con la finalidad de que este sea un  tiempo para que la familia se comunique y pueda estrechar vínculos familiares. 

Todas las razones expuestas hasta ahora son importantes para tratar de evitar confrontaciones durante estos periodos, siendo necesario para ello tener presente siempre que no deben usar la hora de la comida o la cena para poner a prueba la autoridad que tienen sobre los niñ@s con TDAH.  Y, si en alguna ocasión, el niñ@ no quiere comer, no pasa absolutamente nada, ya que es preferible que no coma a forzar cualquier conflicto o pelea.

Teniendo en cuenta todo lo anterior parece necesario ofrecer una serie de sugerencias que pueden facilitar el quehacer diario:

–          La comida debe seguir siempre una rutina preestablecida.  Lo ideal es que  pueda ofrecerse a la misma hora todos los días.  Si el niñ@ se acostumbra a jugar, a ver la televisión, o a escuchar música cerca de la hora de la comida o la cena, los padres o educadores deben marcar un tiempo límite para tales actividades con la finalidad de que  no sean interrumpidas y no interrumpan la hora en que la familia se reúne para comer. 

–          Es importante reconocer los gustos y preferencias que tiene el niñ@ por las comidas.  No se sugiere que siempre se cocine lo que le gusta, pero en la medida de lo posible , deben evitar cocinar lo que definitivamente les disgusta.

–          Promover una conversación positiva durante las comidas suele evitar significativamente el aburrimiento, ya que sentarse a comer para estos niñ@s es aburrido pero si le agregan una buena conversación se reducirán las posibilidades de que esto ocurra.

–          Deben tener presente que la hora de comer, es la hora de comer y no de ver la televisión, de hacer tareas o de hablar por teléfono con los amigos.

–          Es una buena costumbre programar la hora de la comida o la cena como una actividad en familia, en vez de convertirla en una actividad individual.

En segundo lugar, y haciendo referencia a las tareas del hogar, deben tener en cuenta que los “quehaceres” del hogar no son la actividad más divertida para ningún niñ@ en ninguna parte.  Muchos de ellos siempre tratan de evitarlas.  Los niñ@s con TDAH no se diferencian mucho de otros niñ@s que no presentan este trastorno, pero sí que son menos cooperadores

 

En muchas ocasiones, en lugar de tratar de convencer a los padres para no hacer los “quehaceres” simplemente tratan de ignorarlos o se niegan rotundamente a hacerlos.  En este caso,  las mismas técnicas que se utilizan para incrementar la cooperación en los niñ@s pueden ser utilizadas también con niñ@s TDAH, aunque no es fácil distinguir entre ser simplemente poco cooperativo o tener TDAH, ya que normalmente cuando los niñ@s con TDAH dicen que se “olvidaron” de los “quehaceres”, ellos no están mintiendo.

Les es muy difícil mantenerse concentrados en una tarea, ya que realmente se “olvidaron” de hacer lo que se les pidió porque dejaron de prestar atención.   

Es necesario puntualizar que las ideas o sugerencias que se expondrán a continuación sirven para trabajar con niñ@s TDAH y no para aquellos que son básicamente oposicionistas y desafiantes.

–          Cuando se le pide a un niñ@ que haga algo tiene que ser capaz de mantener su atención para entender lo que se le está pidiendo. En cambio, si dejan de prestar atención a lo que se les ha pedido, normalmente se “olvidarán” de hacerlo.  Por ello, deben tener presente en la mayoría de las ocasiones que los niñ@s que padecen TDAH suelen presentar problemas de atención pero no de memoria.

–          En la mayoría de los niñ@s con TDAH, no se encuentran problemas relacionados con la “intención” de hacer lo que se les pide, sino que el problema está relacionado con la atención y concentración que les hace “parecer” como que “no quieren hacer” lo que se les pide.

Como  se trata de un problema de atención,  deben enfocar la intervención en mantener su atención de tal forma que si le van a pedir algo a su niñ@ con TDAH no pueden olvidar las siguientes recomendaciones:

–          Cuando pidan algo deben asegurarse que el niñ@ les está prestando toda su atención.

–          Es imprescindible, “pedir una cosa por vez”.  Deben esperar siempre que la primera tarea esté cumplida para impartir la segunda.  No esperen que el niñ@ tenga en mente lo que se le pidió después de la primera tarea.  Gradualmente, sería interesante para fortalecer esta capacidad, incrementar la complejidad de los pedidos que hagan.

–          Una vez que le hayan pedido que “haga algo”, traten de verificar que en realidad lo está haciendo.  Pregúntele cada 5 minutos, pero sin atosigar e indirectamente si está haciendo lo que se le pidió.

–          Traten de establecer una rutina para los quehaceres en el hogar, de manera que el niñ@ sepa cuáles son y conozca significativamente la secuencia para realizarlos.

–          Usar recompensas cada vez que el niñ@ haga lo que se le pidió, es un buen refuerzo positivo.  Si el ofrecer recompensas y recordarle consistentemente los quehaceres no les resulta, díganle que su conducta no está siendo aceptable y que traerá consigo una consecuencia negativa.

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BUENOS DÍAS TDAH: LEVANTARSE Y PREPARARSE PARA IR AL COLEGIO

Posted by José Javier González Lajas en 23 febrero 2010

Los niñ@s producen experiencias agradables o insatisfactorias a sus padres, levantarse por la mañana para ir al colegio ha sido, es y será siempre un momento difícil para muchos niñ@s, especialmente, para aquellos que tienen TDAH, y que habitualmente lo convierten en una “batalla”.

Los padres generalmente se quejan de pasar por momentos difíciles cuando tratan de levantar a sus hijos que padecen TDAH.  Al parecer, hagan lo que hagan, la situación terminará siempre en una pelea.  Los niñ@s se incomodan, comienzan a gritar y quejarse, dando 10000 razones diferentes o excusas para permanecer en la cama. 

Al principio, los padres tratan de mantener la calma y la paciencia, hablando con sus niñ@s en voz bajita y dándoles 10000 razones para levantarse inmediatamente.  El niñ@ normalmente tiende a ignorar lo que se le dice o niega los beneficios que tiene levantarse” tan temprano”.

Algunos niñ@s con TDAH, cuya conducta no está significativamente alterada, simplemente, pedirán 5 minutos más para permanecer en la cama con la única intención de extenderlo hasta 30 minutos o más. 

Después de muchos intentos,  los padres habitualmente se molestan y comienzan a forzar la situación, lo que generalmente finaliza en una “pelea abierta”.

El manejo de la conducta a través del uso de consecuencias es una parte importantísima a la hora de trabajar con niñ@s con TDAH.  Las personas cambian sus conductas de acuerdo con las consecuencias que traiga esa conducta: si se hace algo y como consecuencia se genera una herida que duele, existe la posibilidad de que se deje de hacer, o bien, si se realiza algo que produzca satisfacción existe la posibilidad de que se siga haciendo.  Por lo que si  las personas no experimentan consecuencias por sus conductas, no serán capaces de hacer cambios efectivos.

Se aprenden o evitan conductas con bastante facilidad cuando las consecuencias están relacionadas con una conducta específica.  Para la mayoría de los niñ@s las recompensas abstractas funcionaran bien (decirles: “te felicito” o “eso me pone muy content@”, “que bien lo haces”…), a la vez que  breves reprimendas suelen ser también eficaces.  

Sin embargo, para niñ@s con TDAH, ofrecer consecuencias positivas y tangibles son imprescindibles para promover conductas positivas y modificar conductas alteradas y desafiantes.  El “hablar” puede ser eficaz con muchos chic@s pero con niñ@s TDAH, el “hacer” las cosas suele promover mejores resultados. 

Hay dos factores que deben considerar a la hora de trabajar con las consecuencias: la consistencia y el momento oportuno.  Las reglas deben ser firmes y aplicadas con consistencia y las consecuencias se deben dar tan pronto como sea posible después de que ocurra la conducta que se desea reforzar o modificar. 

Por todo ello, a continuación se exponen algunas ideas o recomendaciones que podrían ayudar a su hij@ sin crear mayores problemas:

–          Acostarse consistentemente a una hora razonable es una buena práctica, los padres deben decidir cuál es la hora de acostarse y encargarse de hacerla cumplir todas las noches sin excepción.

–          Establecer un “periodo de transición” entre levantarse y prepararse para ir al colegio.  Levantarse de una cama calentita para ir al colegio es una tarea poco placentera, siendo una de las principales razones por la que muchos niñ@s rehúsan hacerlo, aunque sin embargo, muchos de ellos no tienen problemas para levantarse temprano  el fin de semana o cuando tienen vacaciones.  En la mayoría de las ocasiones, generalmente lo hacen para ver su programa favorito de la televisión o para jugar.  Una opción muy interesante sería utilizar el mismo principio, hagan que se levante temprano a ver la televisión.  Durante el tiempo que ve la tele, el niñ@ comenzará a despertarse sin problema.  Después de que su programa favorito se termine, deben pedir al niño que se vista y tome el desayuno antes de comenzar a jugar o seguir viendo la televisión.  Después este segundo periodo de diversión, el/ell@ deberá estar preparado para ir al colegio.

–          Tratar de ser consistentes desde el mismo momento en que se trate de usar este sistema con el niñ@.  No deben darle una “segunda oportunidad” porque cada oportunidad que se le dé, aumentará las posibilidades de un fracaso y el niñ@ “ganará la batalla”.

–          No deben hablar demasiado con su hij@ mientras intentan que se levante por las mañanas ya que cuanto más se le habla, más oportunidades le darán para tratar de convencerles de que le dejen dormir “un ratito más”.

–          Tener una rutina consistente por las mañanas ayudándose con un reloj que indique el tiempo o mismamente con las secuencias de los programas de la televisión como elemento más motivador.  Esto le ofrecerá al niñ@ las pautas para la rutina planeada y mejorar su autonomía personal (por ejemplo: levantarse cuando suene el despertador a las 7.30 AM, y ver la televisión hasta que su programa favorito finalice y después vestirse).

–          Si se diera la casualidad de que los problemas persisten, sería necesario hablar con el personal del colegio y preguntarles si el niñ@ ha tenido alguna experiencia desagradable en el colegio y por ello estaría tratando de evitarlo.

 En relación al segundo apartado al que se hace referencia en el titular del artículo de hoy, “prepararse para ir al colegio” es necesario comentar que la mayoría de los padres con niñ@s TDAH coinciden en que uno de los momentos más complicados para ellos, es tenerlos listos para ir al colegio. 

Habitualmente estos niñ@s encuentran muchas cosas que hacer antes de vestirse ya que para ellos, todo parece más importante que prepararse para salir, y a pesar de todos los esfuerzos y paciencia de la mayoría de los padres suelen terminar en conflictos con sus hij@s cada mañana.

Normalmente, la odisea comienza al levantarse cada mañana y si los padres tuvieron éxito, ellos deben bañarse, vestirse y terminar su desayuno, todo lo cual representa una serie de rutinas que usualmente les agotan desde primera hora y fastidian a toda la familia.

Como es evidente, esto no es una tarea fácil, no existen recetas mágicas que funcionen con todos los niñ@s e incluso las mejores sugerencias pueden servir un día pero no al siguiente.

La cooperación de otros miembros de la familia no sólo es recomendable, sino imprescindible para ayudar a todos a convertir una rutina difícil en una experiencia positiva.  Por lo que será necesario refrescar la memoria acerca de algunos de los síntomas del TDAH, a la vez que presentar sugerencias que deben ser adaptadas para cada caso en particular. 

En primer lugar deben recordar que los niñ@s con TDAH necesitan más tiempo para ajustarse a rutinas nuevas y que cada día es diferente, ya que lo que ocurrió ayer, “ocurrió ayer”, simplemente porque ayer se levantara sin problemas no quiere decir que hoy ocurrirá lo mismo.

Otro aspecto a tener presente es que gritar puede ayudar a disminuir la propia frustración de los padres, pero desde luego, no va a permitirles crear el ambiente agradable para su niñ@.  Muchas veces los niñ@s pueden tener buenas intenciones, pero también en la mayoría de las ocasiones, tendrán dificultades para iniciar y mantener una conducta adecuada.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es necesario exponer algunas recomendaciones que podrían ser importantes a la hora de “prepararse” para ir al colegio:

–          Programar más tiempo del necesario para que los padres y el niñ@ estén listos por la mañana.  Esto quiere decir que el proceso de “estar listo por la mañana” debe comenzar 90 minutos antes de que tengan que salir para el colegio.

–          Permitir un periodo de transición entre levantarse y vestirse.  Durante esa transición el niñ@ puede escuchar música, hablar con los padres, ver la televisión…  Es esencial que el niño sea capaz de levantarse en una situación agradable en vez de tener que hacerlo inmediatamente y comenzar una rutina poco satisfactoria.  Si el niñ@ no se despierta es ideal recordarle que está perdiendo la oportunidad de hacer algo agradable, al igual que tendrá que espabilarse para ir al colegio.

–          Antes de irse a la cama, los padres deben revisar si el trabajo del colegio está completo y preparar la ropa que se va usar al día siguiente, ya que solo de esta manera, queda libre la mañana para levantarse y prepararse para salir, no para revisar las tareas, encontrar la ropa o tomar decisiones acerca del colegio.

–          Es importantísimo ser firmes y consistentes en todo momento.   No deben permitir que el niñ@ llegue tarde o se pierda un día de colegio debido a su mala conducta por la mañana.  Esto, simplemente, creará más problemas en el futuro y lo hará más irresponsable.   

 

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TICS Y TDAH ¿CÓMO CONVIENE AFRONTARLOS ?

Posted by José Javier González Lajas en 20 febrero 2010

La palabra tic se usa para designar tanto un signo como un trastorno.  Como signo, los tics son movimientos o vocalizaciones repetitivos, estereotipados, involuntarios, bruscos, inoportunos, intempestivos, no propositivos y absurdos.  Son bastante fáciles de reconocer, pero bastante difíciles de describir. 

Los tics son muy variados, se dividen en motores y vocales o fónicos.  Son el trastorno del movimiento más prevalente en el niñ@ (200/10000), y son muy frecuentes en el adulto.  Los motores predominan en cabeza, cuello y hombros, pero pueden afectar a cualquier parte del cuerpoLos fónicos consisten en sonidos en los que predomina el carraspeo y los sonidos guturales, aunque también pueden ser palabras o frases elaboradas.  Es posible un cierto control de la voluntad.

En el niñ@, su curso es ondulante, de modo que se alternan fases buenas y malas, de unos 3-4 meses de duración.  Las mayores consecuencias de los tics no son físicas, sino motivadas por el hecho de cómo los viven tanto el sujeto como su entorno

En el 75% de los casos los tics se inician entre los 4 y 10 años de edad.  Es raro el inicio antes de los 2 años o después de los 18 años.  En estas situaciones debe sospecharse si no se trata de movimientos anormales similares a tics o si son tics secundarios.  El cuadro puede iniciarse con cualquiera de entre la variedad de tics, aunque el más frecuente ese el cierre de los párpados.

Ni las estructuras implicadas ni la mecánica por la que se producen están aclaradas.  Hay un consenso entre los expertos en que su esencia es biológica y que su base es genética, pero también en que actúan factores epigenéticos, tanto biológicos como emocionales.  Su relación con movimientos normales superfluos, como los manierismos e incluso el gesto, es misteriosa.  Hay abundantes datos que implican a los núcleos basales, cuya principal función es, según Mink (9), “facilitar las acciones deseadas e inhibir las no buscadas con el fin de prevenir que estas últimas interfieran con las deseadas”.  Este fallo en las funciones inhibitorias posiblemente sea el vínculo común con los trastornos tan frecuentemente asociados a los tics, tales como el TDAH o el TOC (Trastorno obsesivo-compulsivo).

La finalidad de escribir el presente artículo es poder brindar a los docentes a través de una serie de consejos en relación con aquellos niños que pueden presentar tics simples de naturaleza motora o fónica, ya sea de forma permanente o transitoria o bien, tics complejos que en el caso de asociarse pueden constituir el Síndrome de Gilles de la Tourette. 

Un número significativo de niñ@s con TDAH presentan tics, motivo por el cual, parece necesario y oportuno este sitio para brindar una serie de recomendaciones breves de cómo afrontarlos.

En primer lugar, sería aconsejable comprender que según el conocimiento vigente, los tics son una afección de naturaleza orgánica, que no se deben a dificultades neuróticas, ni a deficiencias educativas de crianza ni a otras tantas explicaciones ambientalistas de creencias pasadas.

El niñ@ que sufre tics, puede, sin embargo, ejercer cierto control sobre ellos con el fin de disminuirlos por tiempos breves, aunque esto habitualmente le causa gran tensión.  Por otro lado, las situaciones de exposición y de ansiedad en general pueden incrementarlos e incluso dispararlos.

 Por todo ello, es necesario que los docentes sean “capaces de aprender” a detectar cuales son las situaciones dentro del aula que aumentan la posibilidad de que el niño manifieste tics y cuáles le resultan útiles para moderarlos.  Sería interesante que estén atentos y observen las situaciones en que el niñ@ debe hablar en voz alta a todo el grupo, escribir, leer, o resolver problemas matemáticos.

Por otro lado, dado que los tics no se curan, aunque muchos de ellos sean de naturaleza transitoria, siempre deben tener en cuenta el abordaje farmacológico para evaluar a nivel médico sus pros y sus contras con el fin de poder valorar sus posibles beneficios.  También, es necesario suponer a los efectos del siguiente artículo que el niñ@ presente tics significativos e importantes bajo el efecto de algún fármaco, no obstante, el docente, que tenga un niñ@ con tics leves que no requiera tratamiento farmacológico sí que podrá beneficiarse de los mismos.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es necesario exponer a continuación las “RECOMENDACIONES EDUCATIVAS”  con la única finalidad de poder afrontar con cierta garantía el tratamiento de los tics en el aula:

·Ignore los tics en la medida de lo posible.  No los observe y no haga comentarios sobre ellos, ya que tal actividad los hará incrementar.

·Si el niño  tiene un “ataque” intenso de tics que le impiden seguir pertinentemente en el aula deben permitir que se retiren a algún sitio tranquilo y con supervisión.  Aunque esto, nunca debe interpretarse como un castigo (aislamiento o time out) sino como una oportunidad que se le ofrece para relajarse.

·En las tareas de escritura, lectura y evaluaciones es necesario proveer tiempo extra para afrontar las actividades y/o asegurarle que dispondrá de él si no ha terminado el trabajo como producto de tics tales como: cabeceos, guiños, contorsiones, etc.  Una acomodación tan sencilla y simple como esta, ha demostrado su eficacia para mejorar significativamente el rendimiento de estos niños.

·En algunas ocasiones los niños deben ser evaluados en un espacio aparte.

·En muchas ocasiones deben ofrecer información a los compañeros del niño con tics de la naturaleza del trastorno. Enfatizando que se trata de movimientos involuntarios y que le ayudarán aceptándolo de manera natural.  La comprensión del grupo de compañeros deberá llevar a que sean capaces de “ignorar” los tics y eviten hacer chistes.

·Si el niñ@ con tics es molestado a causa de ellos, el docente debe tener siempre una intervención activa.

·En ocasiones, los tics dificultan seriamente que el niñ@ pueda prestar atención durante las explicaciones en el aula, por lo tanto, puede ser útil evaluar alternativas: si leer para el niñ@ por sus continuos cabeceos o guiños es difícil, pueden utilizarse reproducciones grabadas que la familia u otro niñ@ graben para él/ella o le lean.  Es esencial ser cautos con esta recomendación porque muchos niñ@s con tics quieren ser como los demás y se pueden resentir en situaciones como esta.

·Cuando los niñ@s presentan tics fónicos deben llegar a un acuerdo con él, si se le ha de pedir que lea en voz alta delante de los compañeros.  La actividad, ocasionalmente, puede hacerse a solas aunque por otro lado no deben olvidar el ser creativo en otras formas de lectura grupal (leer en coro) son muy útiles y no interfieren tanto en la conducta del niñ@.

 ·En el caso de que los tics le impidan escribir de manera apropiada en las asignaciones prolongadas, en las evaluaciones pueden recurrir a combinar métodos orales y periódicamente, permitir que un compañero tome notas por ejemplo  con un papel de calco.

·Un niñ@ con tics, especialmente cuando se presenta de manera frecuente e intensa, va generando y acumulando rápidamente tensión, por lo tanto será necesario realizar descansos durante los cambios de tareas, ofreciéndole la oportunidad de salir del aula para buscar algo: libros, mapas o materiales de cualquier tipo.

·En las situaciones que demandan o precisan quedarse quietos y callados, estos niñ@s habitualmente se sienten presionados con facilidad e incrementan los tics, como por ejemplo en la biblioteca, en actos públicos, etc., por lo que en la medida de lo posible se le debe permitir eximirse de participar en estas actividades.

·Prestar atención a los efectos del tratamiento farmacológico y a cómo se distribuye durante el día es de vital importancia, ya que muchos fármacos cuánto mejor neutralizan los mismos, más afectan al comportamiento cognitivo del niño originando que disminuya el nivel de alerta, somnolencia, etc.

·En muchas ocasiones, algunos niñ@s tienen como tic la tendencia compulsiva a tocar, golpear objetos o tocar personas.

·Es esencial ser tolerantes siempre porque los tics en ocasiones no responden bien a ningún tratamiento.

Partiendo del hecho de que se ignora demasiado acerca de los tics, el futuro ha de aportar obviamente, grandes avances.  Teniendo en cuenta la estrecha relación del tic con los trastornos neuroconductuales, tales como el TDAH, las obsesiones y la conducta oposicionista, estos avances se extenderán más allá del propio tic.

Por todo ello, y con la finalidad de abrir una vía a la reflexión, es preciso enumerar algunos aspectos enigmáticos  de los tics:

· ¿Por qué tienen oscilaciones periódicas tanto en frecuencia como en intensidad?

· ¿Por qué cambian su morfología?

· ¿Por qué predominan en el sexo masculino?

· ¿Por qué medios la voluntad accede a su control?

· ¿En qué consiste el probable desequilibrio de neurotransmisores?

Todos esperamos las sorpresas que nos deparará la naturaleza cuando descubran las bases genéticas, pero no deja de ser sorprendente que a pesar de los importantes avances en los recursos y estrategias para su descubrimiento no se hayan aclarado aún en algo tan buscado y común como puede ser este trastorno.

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TDAH ¿UNA DISCAPACIDAD INVISIBLE?

Posted by José Javier González Lajas en 16 febrero 2010

Os habéis imaginado alguna vez lo que se siente al no saber cómo comunicar tus pensamientos, tus sentimientos o tus ideas.  Al tener los conceptos corriendo por toda tu cabeza pero sin la habilidad necesaria para comunicarlos. Imaginaros al menos por un momento,  que no podéis hablar o escribir en la forma en que los demás lo saben hacer.  Tratad de hacer un resumen del libro que tardasteis más de un mes en leer y que el maestro no os entienda nada, porque todas las ideas están desorganizadas  y está lleno de faltas de ortografía.  Para colmo de males, después de dedicarle más de cinco horas a la tarea, se os olvida encima de la mesa de la cocina o del salón.   

Imaginaros tener que repetir la mayor parte de los trabajos varias veces porque están sucios,  y les falta estructura, se les olvida la fecha o ponerle el título,  y sobre todo, que el maestro lo identificara por la mala letra o porque era el único que no traía nombre.  

La vida escolar de estos niños/@s es bastante complicada y desagradable porque la mayoría no entienden bien lo que leen y las matemáticas les parecen cuentos de extraterrestres.  Como cuando el maestro les pedía que escribieran el número 2 5 4 3, lo escribían en notación desarrollada.  Odian las fracciones y no le encuentran ninguna gracia a pasarse horas cortando pasteles imaginarios en trozos iguales, ya que para ellos, lo importante es ¡comérselo!

Son niños que prácticamente nunca pueden quedarse sentados, sin moverse ni tan siquiera un ratito.  Los maestros suelen etiquetarlos como niños/@a con “culo de mal asiento” o llamarles la atención diciéndoles que: “ya son mayorcitos para saberse sentar bien y respetar el trabajo de los demás”.  Suelen molestar a los compañeros con sus ruidos, no les dejan concentrarse o prestar atención, y como habitualmente son niños que nunca han experimentado lo que era eso de concentrarse o prestar atención y se preguntan a sí mismos:

“¿Y a quién se la presto?”

“¿Será un material escolar que seguramente he perdido y que ni me he dado cuenta.

En la mayoría de las ocasiones no entienden lo que les dicen los maestros y casi siempre llevan a la escuela una tarea que no tiene nada que ver con la que habían hecho sus compañeros.  En clase suelen soñar y es su lugar por excelencia donde les fluyen mil ideas.  Si por ejemplo estaban tratando el tema de los ríos, suelen abstraerse mentalmente y ubicarse en alguna historia que les haya pasado con anterioridad,  pero de repente, cuando regresan de sus recuerdos, se encuentran con que sus compañeros ya están realizando un ejercicio de matemáticas.  Preguntándose:

¿Cómo y a qué hora han cambiado de actividad?

¿Por qué no me avisaron?

Normalmente son niños/@s que se pasan bastantes espacios temporales castigados, haciendo copias de páginas y páginas, repitiendo sin cesar las tablas de multiplicar para que al día siguiente según afirman ellos mismos “Se les olvidaran “.

Son niños/@s que se distraen hasta con el “vuelo de una mosca” y es muy difícil que una vez que se acostumbran a los olvidos los maestros les crean y no les digan, expresiones tan usuales para ellos, como:

 “¿Qué te pasa?”

“¡No eres tonto/@ para lo que quieres!”

“¡Si tu quisieras podrías conseguirlo todo, y ser el primero/@ de la clase!”

“¡Lo que pasa es que eres un vago/@ y no tienes ganas de trabajar!, ¡Date prisa!”

Por ello, a posteriori, cuando escuchan estas palabras les retumban los oídos, porque es evidente que son niños/@s que por supuesto quieren sacar buenas notas y que prefieren pasar de curso que repetir.  Les gusta jugar y no pasarse el día castigados, pero  en muchas ocasiones, se preguntan una y otra vez a sí mismos  ¿realmente seré “Yo” un tonto/@? Y es posible que se lo cuestionen muchas más veces y que algunos se lo lleguen a creer durante muchos años.   

A su vez, son niños/@s que  tienen también la necesidad de preguntarse a sí mismos ¿Y para qué soy bueno/@?

Hacen las mejores travesuras, les suele encantar patinar, andar en bici, trepar a las barandillas, construir avalanchas, organizar “fiestas”, contar chistes y disfrazarse.  Siempre son los más audaces entre sus compañeros y vecinos. 

Se atreven a todo, a robar y a copiar exámenes, a desafiar a los maestros, a participar en carreras ilegales de coches, etc.  Son chicos que suelen tener amigos/@s que los consideran “raros”  pero que les caen bien.

 Muchos han recorrido un número significativo de colegios, aspecto que les permite conocer a muchas personas, según sus propios testimonios esto les ayuda a ser personas sociables, dinámicas y que cuenta con un sinfín de experiencias.  Les facilita a entender y a no tenerle miedo a los cambios.  Vuelan lejísimos con la imaginación, son muy creativos y por lo tanto no se aburren nunca.

Son chicos/@s que siempre han dormido muy poco, situación que les suele ocasionar muchos problemas con sus padres y aprovechan este momento como el “único” donde pueden hacer lo que más les gusta: dibujar, bailar, cantar delante del espejo, sentirse artista, y soñar con que llegaba un hada o un genio que mágicamente acababa con los problemas escolares. 

Cuando estos chicos/@s cuentan sus experiencias recuerdan que esas noches, “solos” en su cuarto no se sentían juzgados, criticados y sobre todo que nadie les decía que estaban perdiendo el tiempo. Pero…

¿Qué es perder el tiempo?

¿Hacer lo que yo sabía hacer?

¿Realizar actividades que ni tan siquiera eran “calificables”?

¿Eso es perder el tiempo?

En estas situaciones, siempre suelen sentir que no agradaban a sus maestros ni a sus padres, que ellos siempre esperaban más, y que en la mayoría de las ocasiones,  no sabían cómo hacer las cosas para que les salieran como ellos deseaban.

 Poco a poco ellos mismos se van dando cuenta de que necesitaban hacer más cosas que los demás:

·Organizarse, llevar una agenda, aprender a leerla, y proponerse a sí mismos oír una clase aunque fueran sólo 10 minutos.

·Aprender a conocerse y a saber que sus periodos de atención eran mejores en un momento del día determinado.

·Aprender que “EL NO ENTENDER NO SIGNIFICA SER TONTO/A”

·Aprender que “QUERER NO SIGNIFICA PODER”, sino que en muchas ocasiones no podían porque no sabían cómo o no comprendían las instrucciones.

Y, a medida que van siendo adultos todavía les pasan mil cosas, pero la mayoría han aprendido también a “reírse de ellas”.  ¡No pasa nada!, lo suelen volver a intentar y si no les sale pues pueden pedir ayuda. 

Aunque les sigue costando muchísimo trabajo organizarse, escuchar una instrucción completa, centrarse a sí mismos cuando están distraídos, siguen siendo intolerantes e impacientes.

Si aprenden de manera diferente es incuestionable que miran el mundo con otra lupa, pero son personas muy inteligentes, muy creativas, perspicaces y sobre todo cuentan con una gran capacidad de aprendizaje.

Teniendo en cuenta que el TDAH es una “incapacidad invisible” para los demás pero dolorosamente demasiado visible para quienes la viven y padecen.  Es necesario por lo tanto, invitar a todo el mundo que se relacione con la misma a ver más adentro de cada persona, a entender que “querer no es poder” y así ofrecer y dar lo mejor de cada uno para ayudar a ser y hacer mejores personas.  

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ADOLESCENTES TDAH Y TAREAS ESCOLARES

Posted by José Javier González Lajas en 10 febrero 2010

El momento de la “tarea escolar para casa” siempre es crítico para padres y niños con TDAH.  Y más aún a medida que el “niño/@” deja de serlo y se aproxima a la pubertad donde los problemas normalmente crecen y cambian.  En un principio, estas transformaciones ya han concluido durante la adolescencia y se encuentran totalmente establecidas. Y como es evidente, los padres deben afrontar un dilema que las siguientes preguntas tratan de explicar:

¿Cuál es el grado de implicación que los padres deben tener?

¿Cuánto y cómo supervisar?

¿Cómo desarrollar la autonomía del adolescente sin que este fracase al posponer actividades o situaciones que deben atenderse?

Una de las principales demandas del adolescente es la libertad en general, pero en este caso específico, demanda que le dejen sólo con su tarea escolar: “No te metas, ya soy mayor, el cole es mi problema…”. 

Los padres de estos adolescentes, con frecuencia  trasladan estas palabras y preguntan acerca de cuál sería la conducta más apropiada.  Sienten,  por un lado,  que el reclamo es lógico y que sería maravilloso que sus hijos pudieran respaldar tales expresiones con  hechos.  Pero muchos otros, no ceden y siguen involucrados, sintiéndose hasta culpables de la inmadurez de su hijo y diciendo: “Si no estoy siempre encima de él nunca aprenderá a hacer las cosas por sí mismo”.

Obviamente, no habría ningún problema si el adolescente se enfrentara de manera autónoma y eficiente a sus responsabilidades escolares, es decir; si preparara sus exámenes adecuadamente, realizara sus tareas, mantuviera en orden sus materiales escolares y pusiera algo de su parte para avanzar en los estudios.  Por lo que es evidente, que si los padres no prestaran algún grado de supervisión, muchos de ellos estarían abocados al fracaso.

Por consiguiente, la cuestión central es ¿Cuál es el grado de implicación que los padres deben tener en la supervisión de sus hijos adolescentes?

No existe una respuesta fácil ni universal, fundamentalmente porque los adolescentes con TDAH sólo existen en la teoría, en la vida real está “su hijo”, por lo que la severidad en sí de los síntomas junto a las habilidades ya demostradas son dos cuestiones centrales que deben ser tenidas en cuenta.

Por todo ello, parece esencial e imprescindible poder ofrecerles a continuación algunas recomendaciones:

·Deben mantener un grado de implicación significativo en las “tareas“ de su hijo adolescente si este no puede demostrarle que utiliza eficazmente una agenda, el horario escolar y que es capaz de organizar de forma aceptable su día de trabajo.

Si el adolescente no puede demostrarle que puede planificar la relación entre tarea y tiempo “distanciarse”, sólo servirá para verlo hundirse profundamente en su desorganización, en su tendencia a posponer actividades y situaciones que debe atender sustituyéndolas por otras más irrelevantes y agradables y en sus dificultades para estimar la duración de las tareas.

·Si el adolescente demanda menor implicación, será necesario imponerle como condición el cumplimiento de los requisitos explicitados en el apartado anterior.  De esta forma, la discusión deja de ser teórica y él dispone de un método para conseguir lo que quiere y ustedes de otro para verificar que está en condiciones de tener “libertad vigilada”.  (Puede aplicarse la estructura de un contrato comportamental en el que ambas partes se obligan de buena fe al cumplimiento de cláusulas razonables y alcanzables.

·Deben mantener un grado de implicación importante en la supervisión de la medicación hasta que observen que la toma en los horarios y días establecidos es correcta.

·Si el adolescente demanda que le “dejen” manejar la cuestión por su cuenta, procedan a la contabilización de pastillas (aunque es muy inusual, evita la toma excesiva) y a observar aquellos comportamientos que son indicadores más claros de que NO está tomando la medicación: tareas incompletas, disminución de horas de estudio (cantidad), desorganización materiales escolares, cambios en el apetito, etc.

·Permítanle organizarse de diversas maneras manteniendo abiertas diferentes opciones.  Favorezca que él elija dónde estudiar, a qué hora debe comenzar, o en qué orden debe abordar ciertas tareas.  Sin olvidar, que deben establecer directrices generales sobre la alimentación y las horas de sueño.

·Es importante favorecer que los métodos de organización tengan un despliegue gráfico: programas de trabajo, horarios, agendas y recordatorios visuales (post-it) que puedan pegarse en superficies visibles.  Esto les permitirá supervisar si “esta” en movimiento o estancado.

·Eviten las confrontaciones innecesarias principalmente igualando el tono emocional.  Si él se enfada o irrita no deben perder la calma.  Es asombroso con qué facilidad los padres se dejan arrastrar a confrontaciones verbales con sus hijos con descargas cruzadas de ira.

·Eviten ser exigentes en los momentos del día en que su perfil emocional decae.  Por consiguiente, deben conocer cómo fluctúa el perfil atencional de su hijo. Es decir: ¿Cuándo atiende o estudia mejor?

·Por consiguiente, deben exigir que estudie en esos periodos.  Muchos adolescentes insisten en estudiar a última hora del día, cuando en realidad,  puede no ser un momento en que dispongan de un buen perfil cognitivo.

·Es esencial que supervisen que las horas de sueño sean suficientes.  “Nadie puede obligar a dormir a nadie”, solo pueden crear condiciones para ello, estableciendo un límite para las horas de circulación libre por la casa.  Pero si frecuentemente,  su hijo tiene problemas para conciliar el sueño y se duerme a altas horas de la noche, deben consultar con su médico y/o terapeuta.

·En las materias en que el adolescente presenta dificultades no se fíen ni se conformen con “no tengo tarea”.  Deben establecer horas específicas para que trabaje en ellas y si es necesario con un maestro de apoyo.  En muchas ocasiones sería imprescindible para hacer viable esta recomendación que se le dé el formato de un “Contrato Comportamental” en el que el adolescente accederá a realizar el esfuerzo extra a cambio de la obtención de un privilegio determinado.

·En la medida de lo posible deben facilitar el uso del ordenador, en especial si su redacción manuscrita es deficiente.  Instruyéndole en técnicas de organización de sus materiales dentro del ordenador.

·Sería interesante facilitarle una agenda electrónica o reloj con alarmas múltiples que le permitan recordar los momentos en que debe comenzar otras actividades.  Aunque las alarmas no sirven de gran cosa frente al comportamiento oposicionista, pero si lo son, frente a las distracciones y la desorganización.

·Es fundamental que sean capaces de organizar su trabajo siguiendo pautas realistas en cuanto a la regulación del esfuerzo y el uso del tiempo.  Ayúdenle a conocer su estilo atencional, a dividir tareas y a crearse adecuados métodos de autoevaluación y auto motivación.

·Quizás ya no podrá estar en la misma habitación o sentado en la mesa “haciendo que estudia” como cuando era niño/@, sin embargo supervisen con frecuencia y si reacciona con “fastidio” intenten resolver el “conflicto” sobre la base de un Contrato Comportamental, ya que con los adolescentes es importantísimo acordar objetivos específicos de manera consensuada.

·Si el adolescente tiene una actitud abiertamente oposicionista no insistan con la supervisión,  pero requieran asistencia profesional inmediata.  Recuerden que la asociación de TDAH con TND severo es un “factor de alto riesgo” en la adolescencia.

·Intenten mantener siempre una posición positiva, estén atentos a sus esfuerzos, consecuciones y éxitos para premiarle y animarle frecuentemente.  Recuerden que un adolescente con TDAH necesita tanto refuerzo motivacional como un niño/@ con TDAH, aunque con variaciones en los espacios temporales y en la actitud.

·Combatan la tendencia a dejar para después todo lo que nos les gusta, son obligaciones o requieren un esfuerzo cognitivo mediante Contratos Comportamentales que establecen momentos de corte definitivo: “Hasta tal hora si cumples ¡Ganas!, de lo contrario ¡Pierdes!”.

·En la medida de lo posible, intenten que realice el trabajo en compañía de los padres, particularmente si se trata de adolescentes que pueden modelarle conductas que el necesita desarrollar.

·Ayuden al adolescente a desarrollar técnicas de organización, memorización, estudio y autoevaluación.  Aunque frecuentemente, suele ser necesario que otra persona especializada le asista en el desarrollo de estas habilidades.

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EL MAESTRO Y EL TDAH

Posted by José Javier González Lajas en 7 febrero 2010

El niño/@ TDAH está en todas nuestras aulas… y su forma diferente de aprender es común…

Pedro, es un niño que está constantemente en movimiento, se pone de pie mientras el maestro explica la lección, deja sus tareas incompletas, su mesa de trabajo está muy desordenada y casi nunca encuentra sus cosas.  En la mayoría de las ocasiones, mientras el maestro expone la lección, interrumpe y se sale del tema, de tal forma que con esta actitud, logra desorganizar a toda la clase, parece que todo le aburre y siempre se queja por lo que hay que hacer.  “¡Es el payaso del grupo!”, le gusta ser siempre el centro de atención de todos y hay momentos en que la mayoría de sus compañeros se cansan de esa conducta.  Quiere ser el primero en todo y no permite, darles oportunidad a los demás.  ¡Es muy inteligente!, y con frecuencia suele responder adecuadamente a las preguntas que le formula el maestro, aunque esté mirando por la ventana instantes antes.  A la salida del colegio, su madre, busca al maestro a diario porque nunca sabe que está pasando, porque es un niño que nunca pone atención en las instrucciones que da el maestro en clase.  “El día que falta a clases todo parece funcionar mucho mejor y el grupo es bastante más manejable…”

En cambio, Leire es una niña que parece siempre tan atenta a lo que dice el maestro que fija constantemente su mirada en él mientras explica, pero cuando el maestro le pregunta algo, no tiene ni idea de lo que está hablando.  Cuando tiene que trabajar en clase nunca sabe por dónde empezar de tal forma que el maestro debe acercarse a ella y decirle qué tiene que hacer.  Así que cuando finalmente logra iniciar el trabajo,  ya el tiempo se ha pasado y aún no ha terminado.  En los exámenes, es bastante habitual que los entregue con algunas partes en blanco y luego su madre recrimina al maestro que se lo “sabía todo”.  La verdad es que parece muy “niña” a pesar de estar en cuarto de primaria y necesitar constantemente la supervisión del maestro.  Su madre se angustia constantemente porque emplea mucho tiempo en llevar a cabo las tareas que tiene que hacer en casa y es frecuente que luego olvide llevar el cuaderno a clase.  La niña podría etiquetarse como perezosa ya que se toma mucho tiempo para todo y esto exige al maestro que lleve un ritmo de trabajo diferente con ella.  “Si Leire falta a clases un día, nadie se enteraría…”.

Teniendo en cuenta esta breve descripción de los dos casos anteriores, es necesario cuestionarse la siguiente pregunta: ¿Quién quiere a Pedro o a Leire en su clase?

 

La verdad es que a fecha de hoy, son pocos los maestros que responden con entusiasmo y seguridad ante este reto, con miradas entre sí, muchos bajan su cabeza y parece ser que la mayoría no están dispuestos a correr el riesgo de tener estos alumnos en su aula…

Y aunque es triste decirlo, esta es la “actitud” que han demostrado  miles de maestros en diferentes partes del mundo, al hablar de Pedro y Leire, por lo que parece imprescindible formularse  la siguiente cuestión: ¿Por qué esta “actitud”?

Una respuesta a esta “actitud”… podría ser que muchos maestros muestran una actitud negativa porque no saben cómo enfrentarse y abordar este reto: el miedo, la inseguridad, la falta de estrategias y desconocimiento de la etiología de la conducta de Pedro y Leire, por falta de formación y adiestramiento, limita significativamente en la mayoría de las ocasiones al maestro para enfrentarse al reto.

“Nos entrenaron para enseñar a algunos y no para todos…, y todas las necesidades educativas…”

El problema al que se enfrentan actualmente los maestros a diario en todas las partes del mundo es que Pedro y Leire están en casi todas las aulas de los colegios y al maestro no se le dan las condiciones necesarias ni la formación oportuna para poder responder adecuadamente a las necesidades de los niños que “aprenden de una forma diferente”, teniendo en cuenta que el conocimiento puede cambiar la “actitud” y un cambio en la misma puede cambiar el “destino” de una persona.   

Es evidente, que “el que no sabe no puede ver”, por lo tanto ¿Cómo puede un maestro diferenciar conductas de los niños que presentan TDAH, de las de los niños perezosos, sobreprotegidos, desinteresados o que se portan mal?

El TDAH no es un trastorno que se evidencia sino por la intensidad y la persistencia de conductas que no son muy diferentes a los casos anteriormente mencionados.  La diferencia más significativa que el maestro evidencia es la “falta de efectividad” para lograr un cambio permanente en la conducta de niño/@.  

Por ello, el maestro al desconocer el TDAH y sus implicaciones interpreta la conducta del niño como intencional o bien se limita a culpar y señalar a los padres como posibles responsables , quizás por su forma de educar.  Pero lo cierto, es que el TDAH interfiere significativamente en la conducta del niño y el maestro necesita conocer todas sus implicaciones en la conducta y el aprendizaje para lograr en la medida de lo posible reconocerlo y apoyarlo.

Las implicaciones del trastorno son más significativas en el ámbito de la ejecución que en el de la capacidad.  El buen rendimiento en el proceso de aprendizaje viene normalmente definido por el resultado final de una nota, lo que se toma erróneamente como indicativo para medir la capacidad del niño/@.

Teniendo presente lo anterior, es  evidente que el niño/@ con TDAH es un alumno con una capacidad significativa para adquirir nuevos conocimientos pero sin olvidar que su mayor dificultad radica en el proceso para lograr ese aprendizaje.  Por ello, es importantísimo aplicar lo que sabe, estar atento a recibir información y tener la disposición, la perseverancia y el desempeño, son algunos de los tantos obstáculos que se pueden presentar en el proceso de enseñanza-aprendizaje.   

Quizás una de las mayores frustraciones a las que se enfrenta el maestro y los padres es la de saber que el niño tiene la capacidad para aprender,  pero normalmente nunca está reflejado en su rendimiento final, generándose una serie de circunstancias que en muchos casos llevan a “ambos” a una “actitud de presión” hacia el niño en busca de un cambio radical en su actitud, porque  parten del hecho de que su conducta es intencional, y originan como resultado una desmotivación y actitud negativa en el niño/@ y todos estos factores obstaculizan aún más el proceso de aprendizaje.

Por lo tanto, es necesario y esencial conocer al niño, sus peculiaridades y las causas de su conducta que permitan canalizar sus diferencias, desarrollar un ambiente favorecedor para el aprendizaje y adecuar el curriculum a sus necesidades si se busca que los resultados realmente reflejen su capacidad.

Una “conducta impredecible” suele generar “falta de credibilidad” en la “existencia real del trastorno”, especialmente en el maestro porque crea una serie de dudas sobre el porqué la conducta del niño a veces es adecuada y otras no, y en algunas ocasiones, también  puede responder positivamente ante el aprendizaje y en otras ocasiones no.

El TDAH es un trastorno que se caracteriza por una falta de autocontrol aunque no parece existir una “atrofia permanente” que indique que por siempre el niño tendrá ciertas conductas.  Lo cierto del caso es que lo que complica y hace más difícil el manejo y la intervención del trastorno es precisamente la inconsistencia de las conductas

Es importante a la hora de intervenir tener presente que bajo ciertas circunstancias ambientales suele generarse mayor control de las conductas, es decir que muchas de las condiciones favorables para abordar esta diferencia van a estar determinadas por el ambiente.

Estas particularidades del propio trastorno hacen que tanto padres como maestros se sientan presionados a ser muy eficientes en saber responder de manera eficaz e inmediata ante una conducta determinada.  En muchos casos, deben tener presente que la efectividad de las mismas intervenciones suele no ser permanente.   Algunas estrategias suelen servir muy bien en algún momento pero a medida que pasa el tiempo pierden su validez, de la misma forma  que la manera de dar respuesta de los padres y maestros puede ser muy variable.

Por ello, parece importante y esencial en el proceso de apoyo a los TDAH, ser capaz de prevenir problemas, identificar zonas de peligro, (“situaciones en el ambiente que pueden generar conflictos”) y tener siempre alternativas de intervención al alcance de la mano.

Una de las mayores dificultades que presentan los niños con TDAH es aplicar correctamente lo que se sabe.  El niño necesita que se le enseñe cómo lograr controlar esas diferencias.  En la mayoría de los casos es evidente que sus dificultades van a ser permanentes hasta la vida adulta y aprender formas de compensarlas le va a permitir conocer cómo poder lograr el aprendizaje a pesar de sus hándicaps.

El docente no puede enseñar al niño todo esto si él lo desconoce (estrategias de organización, autocontrol, etc.) son algunas maneras de formar al niño/@ porque los niños en general no precisan información sino formación, saber el cómo lograr ser responsables, organizados, etc.

“Informar significa decir lo que se debe hacer, formar significa enseñar el cómo lograrlo”

Muchos padres recriminan al maestro la falta de apoyo y conocimiento para ayudar a sus hijos en el colegio.  En muchas ocasiones suelen generarse conflictos interminables entre padres y educadores, recriminándose unos a otros la culpa por el bajo rendimiento del niño/@ o por su conducta.  Ambos pretenden encontrar en el “otro” alguna solución al respecto.  Es frecuente que el maestro que desconoce el TDAH y sus implicaciones señale a los padres como causantes de las dificultades del niño/@ y en otras ocasiones son los mismos padres quienes culpan al maestro, generándose en la mayoría de los casos un conflicto que repercute significativamente en el niño/@.

El maestro debe ser percibido por los padres como un aliado y nunca como un enemigo, ya que en la mayoría de las ocasiones, se siente tan frustrado y confundido con la conducta del niño como los padres.  El objetivo del maestro, es al igual que el de los padres,  lograr el aprendizaje en el niño/@ y ambos se enfrentan a una situación similar donde muchas veces no encuentran una solución. 

La comunicación efectiva y el apoyo mutuo entre padres y maestros es fundamental para alcanzar el éxito en el proceso de enseñanza-aprendizaje, al igual que definir claramente cuál es el rol de cada uno en el proceso y tener expectativas reales que ayuden a comprender más que a señalar la conducta del otro.

Los padres deben ser “facilitadores” del proceso y el maestro “el líder”, conocer lo que quiere, saber el rumbo a tomar y ser capaz de lograr la meta haciendo buen uso de los recursos, herramientas y estrategias con que cuenta.

Los niños con TDAH, al igual que los otros niños, requieren de un aula organizada con hábitos establecidos y un ambiente positivo y seguro.  Donde la disciplina debe ser percibida como una enseñanza y los valores se enseñan a convivir a diario. 

Por todo ello, el maestro debe ser un modelo y un líder en su aula, su actitud debe basarse en la empatía y ser un formador que motiva al aprendizaje que les enseña a  “aprender a aprender”  buscando siempre despertar el interés en los niños.   Las exposiciones deben ser dinámicas con estímulos multisensoriales donde se tengan en cuenta los diferentes estilos en el aprendizaje y se evalúe al niño de acuerdo a su conocimiento y no al resultado final.

 

 

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COMUNICACION EFECTIVA: PADRES – TDAH – DOCENTES

Posted by José Javier González Lajas en 3 febrero 2010

“Gran parte de los problemas de efectividad y sufrimiento que enfrentamos en el mundo actual, están relacionados con incompetencias que presentamos en la forma de conversar y relacionarnos con otros…Muchas personas sufren por su incapacidad de ser escuchados, por su dificultad para reclamar o su dificultad para reconocer el trabajo de otros.” Julio Olalla

Tras consultar varias fuentes se puede llegar a definir como comunicación efectiva aquella que a través de buenas destrezas y formas de comunicación, logra el propósito de lo que se quiere transmitir o recibir.  Dentro de la comunicación efectiva el trasmisor y el receptor codifican de manera exitosa el mensaje que se intercambia, es decir,  ambos entienden el mensaje transmitido.

La comunicación efectiva es “Explorar las condiciones que hacen posible que la comunicación sea provechosa y eficaz”.

Los seres humanos estamos inmersos en la comunicación como peces en el agua, generalmente nos movemos entre palabra y significados sin ser consciente de las dinámicas subyacentes.

A través de las palabras pensamos, nos comunicamos, reflexionamos, nos expresamos, opinamos, nos peleamos e incluso nos distanciamos de lo que verdaderamente nos interesa.

Según sea la calidad de comunicación que mantengamos con una persona, será la calidad de la relación que obtendremos. De hecho, si nos detenemos a pensarlo un instante, todas las personas que consiguen un éxito solidó y un respeto duradero (ya sea en el campo laborar, empresarial o familiar) saben comunicar de manera efectiva, aun intuitivamente, sus ideas, propósitos y emociones.

Así que solo conociendo y practicando los principios de una comunicación efectiva podemos coordinar, enseñar, aceptar, dirigir, pero sobre todo,  lograr un clima propicio en el que nuestras acciones nos conduzcan a los que realmente buscamos.

Por todo ello, es necesario ejemplificar la relación entre padres e hijos e incluir finalmente algunos ejemplos para ayudar a los padres a comunicarse con los docentes.

Exigir habilidades pre-atencionales:

Es necesario para que los padres obtengan comportamientos pre-atencionales por parte de sus hijos, como mirar a quien le habla o proporcionar algún signo de que está escuchando de verdad.  Si el tema que se está tratando es significativo, es esencial requerir ser mirado.  Por lo que las preguntas que los padres deben hacerse son las siguientes:

¿Ha dejado otras actividades?

¿Me está mirando?

¿He captado su interés?

Para comenzar a hablar es necesario que el niño nos preste atención de una forma consciente y no estrictamente automática mientras hace otra cosa.  Por lo que obviamente, los padres deberían mirar a sus hijos cuándo éstos les hablan.

Asegurarse de que continúa prestando atención:

La atención del niño debe ser mantenida por un tiempo determinado y bajo una calidad aceptable.  Los niños con problemas de atención y que se diagnostican bajo el concepto del TDAH, más que no prestar atención, presentan un tiempo de atención más corto y fluctuaciones en su nivel atencional.  Por tanto, es necesario que el niño mantenga siempre el contacto visual, para lo cual, el contacto visual del adulto es esencial y constituye siempre un refuerzo positivo (si se le mira con frecuencia, el niño mantendrá más tiempo la vista con usted).

Ser conciso, preciso y claro:

Es necesario poder transmitir una instrucción con oraciones cortas, simples y concretas.  Por lo que deben asegurarse siempre de haber sido entendidos, porque en situaciones simples pueden valer con preguntarle al niño si lo ha entendido  o que repita la instrucción, pero cuando son complejas, puede ser necesario obtener un desempeño por parte del niño.

Revisar su estilo de comunicación.

Sin darse cuenta, es posible que un número importante de sus comunicaciones se encuentren dominadas por pausas negativas, cuando predominan comentarios basados en la descalificación, la desvalorización y el insulto disimulado.  Así se provocan, sin querer respuestas emocionales intensas que tienen la capacidad potencial de dañar cualquiera de los vínculos posteriores.

No “imite el estilo de su hijo”:

Es común que los niños con TDAH, presenten dificultades para escuchar detenidamente, ya que en la mayoría de los casos, se apresuran en sacar conclusiones, no suelen esperar su turno en las conversaciones, cambian constantemente de un tema a otro, tienen dificultades en regular su tono de voz, les gusta tratar más de un tema a la vez, nunca aceptan su responsabilidad por los errores y tienen descargas explosivas.  Así que tanto padres como profesores deberían “aprender a” siguiendo las recomendaciones de R.A. Barkley:

· Escuchar atentamente al niño.

· No apresurarse en sacar conclusiones sin tener un conocimiento exhaustivo de toda la situación (en especial sin haber ayudado al niño a explicarse).

· No interrumpir nunca al niño cuando trata de dar su versión de los hechos.

· Mantenerse siempre focalizado en un mismo tema y sin transpolar ni hacer referencia a situaciones antiguas.

· Utilizar un tono de voz adecuado al contexto (si está reprendiendo debe ser firme y constante pero no grite).

· Preguntar cuando no entiende diciendo “no entendí” en vez de afirmar “no te estás explicando bien”

· No vacilen en aceptar sus errores y controlen sus reacciones emocionales.

Aceptar y expresar sentimientos:

En niños con esta patología, los sentimientos no son buenos o malos, ya que si por ejemplo ha dicho a alguien “te odio”, lo más apropiado no es decirle “eres malo, tienes que querer a…”, más bien, deberían ayudar al niño a expresar lo que realmente siente de una forma constructiva.

Los adultos, debemos comprender que nuestro “equipaje” de emociones y sentimientos forma parte del equipo de supervivencia del mismo modo que nuestra capacidad para detenernos, reflexionar, y valorar qué vamos hacer y qué no.

Por ello, teniendo en cuenta nuestro ejemplo reciente, antes que dar un sermón o castigar al niño, deben obtener su atención, tomarse su tiempo para serenarse y luego procurar que exprese sus pensamientos y emociones que ha sintetizado en “te odio”, ya que no puede olvidarse que muchos niños con TDAH presentan dificultades para expresarse en situaciones de confrontación, es decir, aquellas en las que a los dichos de uno le siguen las de otro y hay que hacer una continua adecuación de la argumentación.

Supongamos que le ha dicho a la madre “te odio”.  Ésta, podría ayudarlo diciendo: “Entiendo que no querías hacer lo que te pedí,  pero valoro que lo hayas hecho igual.  A mí me molesta, muchas veces hacer cosas que me desagradan, pero en realidad no sé porqué te enfadaste tanto…” ¿Quieres contármelo? (esta renuncia a jugar de “adivinador” de los sentimientos de los demás).

Otra forma de afrontar estas situaciones, podría ser utilizar la “vieja” técnica del reflejo de  C. Rogers diciendo: “me doy cuenta que te fastidia mucho seguir órdenes”.  O bien, simplemente: “Yo con frecuencia me irrito cuando me piden que haga cosas que no me gustan, “pero” me paro a “pensar en voz alta”: ¿Qué es lo mejor?  Y la madre, en este caso, comienza a mostrar cómo ella utiliza estrategias para la resolver problemas.

· Alto: ¡Piensa! ¿Cuál es el problema? (qué ha ocurrido).

· ¿Cuáles son las soluciones posibles? (alternativas).

· ¿Qué va a pasar después si hago esto o aquello? (Consecuencias).

· ¿Cómo van a responder los demás?

· ¿Qué me conviene más?

· ¿Cuál es la mejor opción?

· Ejecutar (elegir)

· Evaluar los resultados eventualmente.  (Volver al paso inicial).

 Si además, añadimos todos los factores emocionales, situacionales, de personalidad, etc.,  que pueden marcar el proceso de autocontrol (capacidad de gobernar consciente y voluntariamente su propio comportamiento) , comprobamos como las dificultades aumentan, siendo un proceso tremendamente complejo.

Como se mencionó anteriormente se hace imprescindible exponer algunos ejemplos para ayudar a los padres a comunicarse con los docentes.  De tal forma que los padres que hayan sido correctamente informados y formados sobre el TDAH sean los principales “abogados” de los niños, con la única finalidad de evitar “posibles malos tratos” por parte de un sistema educativo que a fecha de hoy, aún no está preparado para afrontar y enfrentarse a las necesidades especiales de apoyo educativo que un niño con problemas de atención, hiperactividad e impulsividad puede presentar. 

Por otro lado, y teniendo en cuenta que es posible que estos niños con TDAH, ya hayan “sufrido” a otros maestros y/o escuelas, los padres deben evitar siempre caer en la “trampa de esconder” el diagnóstico del niño/@ bajo cualquier excusa: “No quiero que lo discriminen de entrada” o bien, tener una actitud crítica hacia el docente. Para evitarlo,  sería  recomendable tener presente las siguientes indicaciones:

·Tienen  que ofrecer al docente toda la información necesaria facilitando el acercamiento al profesional que atiende al niño/@ o a través de libros, folletos…

·Han de involucrarse en la escuela procurando la realización de seminarios, charlas, etc. de formación docente.

·Deben desarrollar expectativas realistas de cuánto puede aportar el docente y hasta dónde puede llegar (“la escuela no va a curar a su hijo”) y en cuanto  al propio hijo en el medio físico del aula porque el maestro tiene que educar a otros muchos niños y algunos de ellos también pueden presentan demandas específicas.

·Deben utilizar formas de comunicación efectivas y evitar los comentarios de pasillo, no ser excesivamente críticos ni demandantes o airados, ya que el docente puede reaccionar de forma hostil, volviéndose más crítico e incluso poniéndose a la defensiva.

·Tienen que establecer pautas de comunicación estrecha y frecuente con el docente y participar activamente en la vida comunitaria.

· Deben concurrir en la medida de lo posible ambos padres a la mayor cantidad de reuniones y si se prevé que será “difícil” intentar que les acompañe el profesional que atiende al niño/@ y solicitar la presencia de algún directivo de la escuela.

En  verdad, todo este procedimiento no funcionará  si los padres no pueden mantener una actitud positiva hacía su hijo transmitiendo incondicionalidad aún cuando lo disciplinan.  Todos sabemos que no es fácil, pero es necesario e imprescindible romper el “círculo vicioso” de órdenes que se repiten y que por no cumplirse llevan situaciones críticas de tensión: y entonces, puede ser que el niño/@ cumpla el comportamiento solicitado, pero no estará más activo a cumplirlo la próxima vez porque las explosiones de ira y los castigos habrán dañado el vínculo y la autoestima del niño/@.

En uno de los pasos más significativos del entrenamiento parental se debe enseñar a los padres a jugar de una forma especial con el niño/@,  siendo una parte fundamental e importante de ello que lo disfruten, ya que el fondo, eso debe expandir a escuchar a su hijo, comprenderlo y saber cuándo dialogar y alentar, incluso por el sólo hecho de hablar en vez de juzgar.

Las reglas deben ser claras y coherentes  y ambos padres deben hacerlas respetar por igual y casi sin excepciones.  Mantener la calma es esencial ya que de lo contrario también se está ofreciendo como modelo justamente aquello que se quiere corregir. “Haz lo que digo no lo que hago” no es una buena política.  Ser un ejemplo para los propios hijos es inevitable, pero la cuestión es “si hemos de ser un buen ejemplo”.

Es importante que todos acepten que una de las principales fuentes de aprendizaje del ser humano surge de los modelos y significados que se construyen alrededor de ellos, de tal forma que los padres deben comprender que la “palanca que tienen para mover el mundo”, parodiando a Arquímedes, es dotar a su comportamiento de una eficacia ejemplar en un contexto de amor y respeto.

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